El Tratado del Orden de los Hexagramas expresa: «Al suscitarse litigios indefectiblemente surgen multitudes congregadas; por eso le sucede el hexagrama El Ejército». El alzamiento de las huestes obedece a la existencia de contiendas; de ahí que siga a El Pleito.
Como figura, Kun está arriba y Kan está abajo; atendiendo a ambos cuerpos, en medio de la tierra hay agua, figura de multitudes congregadas.
Atendiendo a la significación de ambos trigramas, dentro anida el peligro y fuera la sumisión: avanzar por sendas de riesgo con dócil acatamiento constituye el principio del ejército.
Atendiendo a las líneas, un solo yang funge como señor de las restantes líneas yin: es la figura del mando que gobierna a la tropa.
En La unión, un solo yang rige sobre las líneas yin desde arriba: figura del monarca; en El Ejército, un solo yang encabeza las líneas yin desde abajo: figura del general en jefe.
La vía del ejército toma la rectitud como fundamento; poner en marcha a las tropas afligiendo al mundo sin rectitud hará que el pueblo no obedezca, debiendo ser forzado a la violencia. Por ello el ejército se rige por la perseverante rectitud.
Mas aun siendo recta la movilización, quien comande ha de ser un varón maduro para alcanzar ventura y librarse de falta.
Hay casos en que se obtiene ventura pero subsiste la culpa, y casos donde no hay culpa mas tampoco ventura; aunar la dicha y la exoneración de falta constituye la bondad perfecta.
«Varón maduro» es título de venerable dignidad; comandar tropas y congregar masas, a menos de gozar del reverente acatamiento y el respeto de la multitud, jamás conseguirá la adhesión voluntaria del corazón humano.
Por ello Sima Rangju, habiendo sido elevado de humilde cuna y puesto al frente de la hueste, al ver que los corazones de los soldados aún no le obedecían, solicitó que Zhuang Jia fuera designado lugarteniente.
El llamado «varón maduro» no precisa haber gozado siempre de encumbrada alcurnia: basta que por su talento, estrategia, virtud y méritos infunda respeto y acatamiento entre todos.
Así, cuando Rangju decapitó a Zhuang Jia, el ejército entero se sometió estremecido, convirtiéndose él en auténtico varón venerable.
Igualmente, el Marqués de Huaiyin provino de cuna menesterosa y devino ilustre comandante, pues sus ardides y prudencia infundían reverencia y asombro en los hombres.