El eje de un carruaje. El cuarto trazo es yang y firme, ha crecido en plenitud y su fuerza ha sobrepasado el centro: su vigor es extraordinario.
Sin embargo, al residir en el cuarto lugar incurre en falta de rectitud; mas en el tiempo en que la vía del noble crece y se expande, ¿cómo podría permitirse incorrección alguna?
Por eso se le advierte que perseverando habrá ventura y desaparecerá el arrepentimiento: cuando la senda florece, cualquier ligera falta entorpece la corriente de ascenso y prosperidad, engendrando pesadumbre.
En otros gua, la duplicación de firmeza residiendo sobre blandura no siempre se considera inconveniente, como se observa en La preponderancia de lo grande.
El seto sirve para delimitar e impedir el paso; que el seto se rompa y abra denota que su fuerza ya no queda atrapada ni trabada.
Cuando el eje de las ruedas de un carruaje alto y grande es robusto, la fluidez de su marcha resulta patente: por ello se afirma «poder en el eje de un gran carruaje».
El eje es la pieza vital de la rueda: la ruina de un carruaje suele deberse a la rotura del eje; si el eje es resistente, el carruaje es fuerte. Decir que hay poder en el eje significa que hay vigor para avanzar. El término fu es equivalente al rayo o cubo de la rueda.
El Comentario a las imágenes dice: «El seto se abre y no se enreda: anhela marchar hacia adelante». El crecimiento de lo firme y yang forzosamente debe alcanzar su apogeo.
Aunque el cuatro ya sea floreciente, su marcha aún no ha cesado: avanzando con el poder del yang en su máximo esplendor, nada puede oponérsele; el seto se quiebra y abre sin apresar ni extenuar sus fuerzas; anhelar marchar significa que su avance es incesante.