El cinco ocupa el trono soberano y se encuentra en medio de la adversidad: es el más grande obstáculo del imperio. Enfrentar contratiempos hallándose además inmerso en el peligro constituye un gran obstáculo.
En momentos de suma adversidad, el dos responde desde abajo con rectitud y equilibrio central: he aquí la llegada de amigos en su socorro. Hallándose el imperio en crisis, contar con un ministro central y recto como sostén no es una ayuda desdeñable.
Con todo, se obtienen amigos que vienen y sin embargo no se pronostica ventura; ¿a qué se debe? Se responde: aún no basta para disipar el obstáculo.
Un monarca yang, firme, central y correcto, inmerso en una grave crisis, no podrá salvar las tribulaciones del mundo a menos que halle ministros de su misma estirpe, firmes y rectos.
El equilibrio y rectitud del dos sin duda prestan apoyo, mas pretender solventar las desventuras del imperio valiéndose de un auxilio débil y dócil supera sus alcances.
Desde la antigüedad, los reyes sabios que resolvieron los males del mundo jamás prescindieron de ministros eminentes: Tang contó con Yi Yin y Wu con Lü Shang.
Hubo soberanos de talento ordinario que, respaldados por ministros resueltos y lúcidos, salvaron grandes catástrofes: Liu Shan tuvo a Zhuge Liang; Suzong de Tang a Guo Ziyi; Dezong a Li Sheng. Mas un soberano virtuoso, privado de tales ministros, no puede resolver la adversidad.
Por tanto, allí donde el seis ocupa el quinto lugar y el nueve el segundo, suele lograrse el éxito gracias al auxilio recibido, como en Méng [La insensatez juvenil] y Tài [La paz]; en cambio, donde el nueve ocupa el quinto lugar y el seis el segundo, los logros suelen quedar truncos, como en Zhūn [La dificultad al comienzo] y Pǐ [El estancamiento].
Pues cuando el ministro supera al señor en sabiduría, lo apuntala en lo que este no alcanza; mas si el ministro es inferior al señor, se limita a secundarlo sin lograr consumar grandes hazañas.