El cuatro está por encima de los hombres, en el puesto del gran ministro; mas el seis lo ocupa con condición yin: débil y maleable, no basta para sustentarse a sí mismo, ¡cuánto menos para nutrir al imperio!
Nueve al comienzo mora abajo con firmeza yang: es el sabio que reside en el llano y responde al cuatro. El cuatro es dócil y correcto, capaz de amoldarse al comienzo y apoyarse en su nutrición.
Que el superior nutra al inferior es el curso natural; mas demandar el sustento del inferior es una inversión, por lo que se dice «nutrición invertida».
Empero, reconociendo que no basta para su cometido, busca al sabio que está abajo y lo sigue con docilidad para consumar la empresa: así el mundo recibe sustento y él queda libre del reproche de negligencia y fracaso; por ende resulta venturoso.
Quien ocupa una posición eminente ha de poseer talento, virtud y respetabilidad para que el pueblo lo honre y tema; solo entonces sus mandatos se cumplirán y los corazones obedecerán.
Si los de abajo menosprecian al gobernante, las órdenes serán desobedecidas, los castigos engendrarán rencor y el desacato precipitará el desorden.
Aunque el seis en el cuarto puesto secunda a lo firme y yang sin descuidar su oficio, su sustancia es en el fondo yin y maleable, debiendo recurrir a otros para consumar la obra; expuesto al desdén ajeno, debe templar su porte augusto, vigilante como la mirada de un tigre: así infundirá gravedad a su persona y los inferiores no osarán faltarle al respeto.
Asimismo, quien sigue a otros debe hacerlo con constancia; si mediaran vacíos e interrupciones, su gobierno se malograría.
«Su deseo» alude a lo que necesita proveer: debe afluir de continuo, sin desfallecer, para llevar a bien la empresa; si se tomara de otros con intermitencias, sobrevendría la penuria.
Dotado de reverente majestad y prodigando mercedes sin agotarse, logrará estar libre de reproche. En el dos, la nutrición invertida contraviene la norma; en el cuatro, procura ventura: ¿por qué?
Se responde: el dos mora en el cuerpo inferior y busca nutrirse absurdamente de un inferior que no es su correlato afín, quebrando la norma; el cuatro, en cambio, ocupa un puesto superior y honra al sabio postergado, permitiendo que este ponga en práctica su camino por mediación suya: las voluntades de arriba y abajo se conciertan para favorecer al pueblo.
¿Qué ventura puede igualarla? Del tres hacia abajo se nutre el cuerpo físico; del cuatro hacia arriba se nutre la virtud y la justicia.
Que el soberano se nutra del auxilio de sus ministros y que el dignatario se apoye en la nutrición de los de abajo constituyen ambos el cultivo de la virtud.