El ave vuela y remonta hacia las alturas; el nueve arriba es firme sin ser central y mora en lo más encumbrado; hallándose además en el cuerpo de Li, su altivez resulta manifiesta, de donde se toma la imagen del ave.
En tiempos de viaje, solo la humildad condescendiente y la suave armonía permiten salvaguardarse; mas al ser en exceso rígido y encumbrarse por cuenta propia, pierde lo que convendría a su sosiego.
El nido es donde el ave halla quietud y reposo; quemar su nido es perder su sosiego y quedarse sin paradero. En la cima de Li surge la imagen del incendio.
El trazo yang y firme se coloca a sí mismo en lo más alto y al principio se regocija a su antojo, por lo que «primero ríe»; mas luego pierde su abrigo y nadie lo acompaña, de modo que «después gime y llora».
Por ligereza y descuido pierde su virtud de docilidad, lo cual engendra la desdicha. El buey es un animal dócil; «perder el buey en la ligereza» alude a extraviar la docilidad por obrar con imprudencia y descuido.
El fuego de Li tiende por naturaleza hacia arriba, brindando la imagen de inquietud y precipitación. Sucediendo a «el ave quema su nido», se añade aquí el término «viajero», pues de omitirse parecería que es el ave quien ríe y llora.