El dos, aunque posee la sustancia de la firmeza central, se sitúa en un puesto yin, reside en el trigrama del regocijo y sostiene a una línea flexible: al morar en el yin no es recto; al habitar en el deleite pierde su vigor; al apoyar a lo flexible se arrima a lo desviado.
La senda de la restricción exige firmeza, centro y rectitud; el dos, al perder la virtud de su firmeza central, difiere del nueve en el quinto lugar, que es firme, central y recto.
No salir al patio del portal significa no dirigirse hacia el exterior, es decir, negarse a seguir al cinco.
El dos y el cinco no guardan la correspondencia debida entre yin y yang, de modo que no marchan al unísono; mas si se unieran según el principio de la firmeza central, podrían consumar la obra de la restricción.
Por haber perdido la virtud oportuna y haber desaprovechado el tiempo propicio, sobreviene el infortunio. No concertarse con el cinco equivale a una restricción indebida.
Tomar la firmeza central y recta por pauta de restricción se asemeja a refrenar la ira, sofocar los apetitos, expurgar los excesos y contener las demasías; por el contrario, una restricción viciosa equivale a la tacañería en el gasto y a la cobardía en la acción.