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Hexagrama del día sábado, 10 de octubre de 2026: #1 Lo Creativo (Cielo) (乾)

Cada día del calendario corresponde de forma determinista a un hexagrama: su posición en una rotación continua de 64 días por la secuencia del rey Wen. Sin consulta, sin azar.

Lo Creativo (Cielo): supremo y penetrante; propicia la perseverancia.

Lectura moderna

El hexagrama 1 (Qian) encarna la energía creativa pura del Cielo y el movimiento dinámico del Yang absoluto. La lectura clásica lo asocia con el potencial originador y la perseverancia recta, advirtiendo que la grandeza perdura solo cuando se actúa con integridad y templanza.

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Page: Daily hexagram 2026-10-10: #1 Lo Creativo (Cielo).
Interpreta según dos capas clásicas: 1) Evidencia estructural: dinámicas clave de líneas o equilibrio elemental. 2) Veredicto práctico: respuesta clara y directa a la consulta, más 2–3 pasos de acción concretos (comenzando con verbos) y cautelas constructivas. Sabiduría para la autorreflexión. Página de origen:
https://eastalmanac.com/es/daily-hexagram/2026-10-10/

Carta BaZi

Bajo la óptica del BaZi, la estructura de Qian puro evoca una potente concentración de Metal Yang y una fuerza vital constante, dibujando un marco de gran empuje y determinación.

La tradición adivinatoria advierte que este caudal vigoroso facilita la apertura de nuevos rumbos, aunque corre el riesgo de volverse rígido si no se integra la receptividad.

En pocas palabras, dispones de una fuerza impulsora formidable, cuya clave radica en combinar la firmeza con la flexibilidad cotidiana.

Carta astral occidental

En la lectura astrológica, la doble presencia celestial refleja un Sol culminante en el medio cielo, destacando la autoridad natural y una profunda voluntad ejecutiva.

La tradición astrológica recuerda que un brillo tan directo puede generar puntos ciegos por exceso de impaciencia si carece de un anclaje disciplinado.

En términos sencillos, el momento te brinda un gran empuje hacia adelante, pero su impacto real dependerá de mantener la serenidad interior.

Consulta del I Ching

Al coincidir dos trigramas de Cielo superpuestos, este oráculo representa las leyes universales que fluyen de manera ininterrumpida y ordenada.

Los comentarios tradicionales del Tuan y el Daxiang ensalzan la superación constante y la armonía suprema, recordando que un comienzo favorable exige perseverancia ética hasta el fin.

En resumen, el flujo general impulsa tus propósitos, siempre que actúes conforme a la rectitud y respetes los ritmos naturales.

Carrera

En el terreno profesional, Qian señala un período propicio para asumir el liderazgo, diseñar visiones estratégicas e inaugurar proyectos de gran envergadura.

El análisis ocupacional clásico aconseja liderar con ejemplaridad, ya que imponer directrices de forma autocrática generaría fricciones innecesarias con los colaboradores.

Dicho de forma llana, es un excelente momento para progresar laboralmente, guiando a los demás mediante la persuasión y la integridad.

Riqueza

La configuración económica simboliza un manantial generador, asociado por la tradición a la planificación financiera duradera y a la consolidación patrimonial.

Las pautas clásicas de prudencia recuerdan que la abundancia expansiva debe canalizarse en estructuras firmes y sostenibles, evitando la especulación arrebatada.

En definitiva, la estabilidad material proviene del orden presupuestario y el cumplimiento riguroso, no de decisiones impulsivas.

Amor y relaciones

En los vínculos afectivos se manifiesta una notable iniciativa y un deseo sincero de protección, aunque existe el riesgo de acaparar las decisiones y desatender la escucha.

La doctrina del I Ching sobre los afectos insiste en equilibrar la firmeza con la docilidad para evitar que la pareja se sienta eclipsada. Dicho con sencillez, el afecto verdadero se nutre de la empatía mutua y de saber dar espacio al otro.

Salud

La medicina tradicional china vincula la fuerza de Qian con los pulmones, el intestino grueso y la energía Yang superior, donde un dinamismo excesivo puede causar tensiones o agotamiento nervioso.

Las pautas clásicas de bienestar recomiendan nutrir el principio Yin mediante un descanso regular y prácticas pausadas que calmen el ritmo interno. En resumen, compensar la alta exigencia con momentos de reposo consciente es esencial para conservar tu vitalidad.

Crecimiento personal

A nivel de desarrollo personal, este tránsito invita a cimentar principios sólidos inspirados en la constancia inalterable de los cielos.

La tradición del cultivo interior enseña que el poder auténtico no radica en doblegar las circunstancias externas, sino en gobernar los propios impulsos con rectitud moral.

Dicho de otro modo, fortalecer tu disciplina ética y tu coherencia interna será tu mayor refugio espiritual.

Compatibilidad

Cuando dos personalidades de naturaleza Qian se encuentran, surge una afinidad electrizante junto con una marcada pugna por el control del territorio común.

La tradición relacional explica que si ambas partes insisten en prevalecer, el vínculo desemboca fácilmente en un callejón sin salida. En conclusión, compartir ideales tan ambiciosos es enriquecedor, pero solo funcionará si ambos están dispuestos a ceder con humildad.

Etapas de fortuna

Al transitar un ciclo vital marcado por Qian, se activa una etapa de expansión estructural y asunción de importantes compromisos ante el entorno.

La lectura temporal tradicional advierte que el principal escollo en la cumbre es el exceso de confianza o la falta de previsión para etapas posteriores.

Expresado con claridad, atraviesas un ciclo propicio para la iniciativa, donde el avance metódico consolidará tus mayores logros.

Lectura anual

La influencia anual se orienta hacia la consolidación de responsabilidades mayúsculas, el espíritu emprendedor y un ritmo de vida acelerado.

Los comentarios clásicos sugieren que, a pesar de los frutos visibles, el desgaste derivado de las exigencias cotidianas demanda una adecuada gestión del tiempo.

En términos cotidianos, céntrate en tus fortalezas fundamentales y preserva la serenidad frente a las complejidades del año.

Análisis del nombre

En la antroponimia inspirada en Qian, se eligen términos que evoquen dignidad, lucidez y un sólido sentido de la rectitud ética. Las pautas tradicionales de equilibrio sugieren acompañar la firmeza del Metal con matices fluidos para atenuar cualquier rasgo de inflexibilidad.

En pocas palabras, un nombre armónico combina aspiraciones nobles con un trato apacible, uniendo solidez y gentileza.

Elección de fechas

La selección de fechas bajo el auspicio de Qian es tradicionalmente idónea para inauguraciones, acuerdos formales y la puesta en marcha de planes a largo plazo.

Los cánones clásicos sugieren escoger horarios de atmósfera diáfana y evitar momentos de tensión desmedida para propiciar un arranque venturoso. En resumen, iniciar actividades bajo esta influencia resulta favorable siempre que el propósito sea recto y respete los procedimientos.

Feng Shui

En la geomancia tradicional, el trigrama Qian rige el sector noroeste, simbolizando la estabilidad de la autoridad y el orden armónico del entorno.

Las pautas del Feng Shui clásico recomiendan mantener esta zona limpia, despejada y bien iluminada, evitando elementos caóticos o un exceso de fuego agresivo.

Dicho sencillamente, cuidar el orden en el noroeste de tu espacio ayuda a cultivar una atmósfera equilibrada y respetuosa.

Referencias

Texto original

Comentario Tuan

¡Cuán grande es el origen primordial de Lo Creativo! De él toman principio todos los seres y rige los cielos. Las nubes se desplazan y la lluvia se prodiga; todas las criaturas fluyen y adoptan su forma.

Con gran claridad abarca el final y el comienzo, y las seis posiciones se completan a su debido tiempo. A su tiempo cabalga los seis dragones para gobernar los cielos.

La vía de Lo Creativo se transforma y transmuta, disponiendo que cada ser rectifique su naturaleza y su destino; preserva y une la gran armonía, y esto propicia la perseverancia. Se alza por encima de todas las criaturas, y todos los pueblos alcanzan la paz.

Gran Imagen

El movimiento del cielo es vigoroso; el noble se fortalece a sí mismo sin cesar.

Comentario Wen Yan

«Lo supremo» es la cabeza de la bondad. «Lo penetrante» es la conjunción de las excelencias. «Lo provechoso» es la armonía de la rectitud. «La perseverancia» es el tronco de los asuntos.

El noble, al encarnar la benevolencia, es digno de guiar a los hombres; al reunir las excelencias, es apto para ajustarse al decoro; al beneficiar a los seres, armoniza la rectitud; al perseverar con firmeza, es capaz de llevar a cabo los asuntos.

El noble ejerce estas cuatro virtudes; por eso se dice: «Lo Creativo: supremo, penetrante, propicia la perseverancia». Nueve al comienzo dice: «Dragón oculto; no actuar». ¿Qué significa? El Maestro dijo: «Posee la virtud del dragón, mas permanece oculto.

No cambia con las modas del mundo ni busca labrarse una fama. Vive retirado del mundo sin apesadumbrarse; no es reconocido y no se aflige. Si halla complacencia, actúa; si halla motivo de desasosiego, se retira. Firme e inconmovible: tal es el dragón oculto».

Nueve en el segundo lugar dice: «Dragón que se manifiesta en los campos; es propicio ver al gran hombre». ¿Qué significa? El Maestro dijo: «Posee la virtud del dragón y guarda el justo medio. En sus palabras cotidianas es veraz; en sus actos cotidianos es prudente.

Frena lo depravado para preservar su sinceridad; beneficia al mundo sin jactarse de ello, y su vasta virtud transforma a los demás. El Libro de los Cambios dice: “Dragón que se manifiesta en los campos; es propicio ver al gran hombre”. Se refiere a la virtud del gobernante».

Nueve en el tercer lugar dice: «El noble se afana durante todo el día y al anochecer permanece alerta; peligro, no hay falta». ¿Qué significa? El Maestro dijo: «El noble progresa en la virtud y cultiva su quehacer.

Con lealtad y confianza avanza en la virtud; con palabras cuidadas y estableciendo su sinceridad asegura su posición.

Al conocer el momento oportuno, avanza hasta alcanzarlo, siendo posible dialogar con él sobre los indicios ocultos; al conocer el término debido, se detiene en él, siendo posible preservar con él la rectitud.

Por ello, si ocupa un puesto encumbrado no se envanece, y si se halla en un puesto humilde no se angustia. Así, esforzándose todo el día y manteniéndose alerta según lo demanda el tiempo, aun ante el peligro no cometerá falta».

Nueve en el cuarto lugar dice: «Acaso da un salto en el abismo; no hay falta». ¿Qué significa? El Maestro dijo: «Subir o bajar carece de una regla fija, mas no por ello se comete desvío alguno. Avanzar o retroceder no es constante, mas no por ello se aparta de los suyos.

El noble progresa en la virtud y cultiva su quehacer porque anhela actuar en el momento oportuno; por eso no hay falta». Nueve en el quinto lugar dice: «Dragón que vuela en el cielo; es propicio ver al gran hombre». ¿Qué significa?

El Maestro dijo: «Los tonos semejantes resuenan entre sí; las naturalezas afines se buscan recíprocamente. El agua fluye hacia lo húmedo; el fuego acude a lo seco; las nubes siguen al dragón; el viento sigue al Tigre.

El sabio se alza y todos los seres lo contemplan; lo que tiene su raíz en el cielo tiene afinidad con lo alto, y lo que tiene su raíz en la tierra tiene afinidad con lo bajo: así cada cual sigue a su especie». Nueve en la cima dice: «Dragón arrogante; habrá arrepentimiento».

¿Qué significa? El Maestro dijo: «Goza de nobleza mas carece de posición; está en lo alto mas no tiene pueblo a su cargo; los hombres valiosos se hallan en puestos inferiores y no lo asisten. Por eso, si actúa, habrá arrepentimiento». «Dragón oculto; no actuar»: se halla abajo.

«Dragón que se manifiesta en los campos»: el tiempo aconseja aguardar. «Se afana durante todo el día»: cumple su tarea con diligencia. «Acaso da un salto en el abismo»: se pone a prueba a sí mismo. «Dragón que vuela en el cielo»: gobierna desde lo alto.

«Dragón arrogante; habrá arrepentimiento»: es la calamidad que sobreviene al alcanzar el extremo. «Lo Creativo usa los nueves»: el mundo entero está bien gobernado. «Dragón oculto; no actuar»: el hálito yang yace oculto y replegado.

«Dragón que se manifiesta en los campos»: el mundo resplandece en cultura y claridad. «Se afana durante todo el día»: camina al unísono con el tiempo. «Acaso da un salto en el abismo»: la vía de Lo Creativo se renueva y transmuta.

«Dragón que vuela en el cielo»: ocupa la posición de la virtud celestial. «Dragón arrogante; habrá arrepentimiento»: ha alcanzado el límite junto con el tiempo. «Lo Creativo usa los nueves»: se manifiesta el modelo del cielo.

El principio primordial de Lo Creativo origina y expande con plenitud. Lo favorable y perseverante expresa su naturaleza íntima. Lo Creativo, en su inicio, es capaz de beneficiar al mundo entero con bondades admirables sin proclamar sus beneficios: ¡cuán inmenso es!

¡Cuán grandioso es el principio primordial de Lo Creativo: firme, vigoroso, equilibrado y recto, puro, sutil y quintaesenciado! Sus seis líneas despliegan su poder comunicando profundamente todos los sentimientos. A su tiempo monta sobre los seis dragones para regir los cielos.

Las nubes se desplazan, la lluvia cae y el mundo entero goza de paz. El noble considera la virtud consumada como su norma de conducta, una conducta que puede apreciarse día tras día.

La palabra «oculto» expresa lo que aún está escondido y no se ha manifestado, lo que se ha iniciado pero aún no se corona; por ello el noble no actúa.

El noble aprende para acumular el saber, interroga para discernir con claridad, habita con magnanimidad y procede con benevolencia. El Libro de los Cambios dice: «Dragón que se manifiesta en los campos; es propicio ver al gran hombre», refiriéndose a la virtud del gobernante.

Nueve en el tercer lugar redobla la firmeza mas no ocupa el centro: por arriba no está en el cielo, por abajo no está en los campos; por ende, afanándose día a día y manteniéndose alerta según lo exige el tiempo, aun en el peligro no cometerá falta.

Nueve en el cuarto lugar redobla la firmeza mas no ocupa el centro: por arriba no está en el cielo, por abajo no está en los campos, y en medio no está con los hombres; por eso se dice «acaso». Decir «acaso» alude a la incertidumbre y la duda prudente; por eso no hay falta.

El gran hombre concierta su virtud con la del cielo y la tierra, acompasa su claridad con la del sol y la luna, acomoda su orden al de las cuatro estaciones y sincroniza su fortuna y desdicha con los espíritus.

Si precede al cielo, el cielo no lo contradice; si sigue al cielo, acata su tiempo. Y si el propio cielo no lo contradice, ¿cuánto menos habrán de contradecirlo los hombres o los espíritus?

La palabra «arrogante» significa saber avanzar pero ignorar cómo retroceder; saber conservar pero ignorar cómo perecer; saber ganar pero ignorar cómo perder.

¿Acaso no es solo el sabio quien sabe avanzar y retroceder, conservar y dejar ir, sin apartarse jamás de la debida rectitud? ¡Solo el sabio es capaz de ello!

Comentario clásico

Zhouyi BenyiJuicio

Qián [fónico qú-yān]. El hexagrama de seis trazos es el trazado originalmente por Fuxi. El trazo simple impar representa el número yang; «Qián» significa lo vigoroso, la naturaleza propia del yang.

En la nota original, el carácter «Qián» es el nombre del trigrama de tres trazos: el inferior es el trigrama interno y el superior es el trigrama externo. En el texto canónico, la palabra «Qián» designa el hexagrama de seis trazos.

Al contemplar hacia arriba y examinar hacia abajo, Fuxi observó que el yin y el yang poseen números impares y pares; por ello trazó una línea impar para representar el yang y una línea par para representar el yin.

Al advertir que cada yin y cada yang engendra a su vez un yin y un yang, ascendió de abajo hacia arriba duplicando sucesivamente hasta completar los Ba Gua (ocho trigramas).

Al percibir que la naturaleza del yang es vigorosa e infatigable, y que su manifestación corpórea más vasta es el cielo, llamó «Qián» al trigrama de tres trazos impares y lo equiparó analógicamente al cielo.

Completados los tres trazos y formados los Ba Gua, volvió a duplicar sus trazos hasta componer seis líneas, superponiendo sobre cada uno de los ocho trigramas los ocho trigramas mismos, hasta conformar los sesenta y cuatro hexagramas.

En este hexagrama, los seis trazos son todos impares y tanto el interior como el exterior son Qián; representa la pureza suprema del yang y el colmo de la firmeza activa. Por tanto, ni el nombre de Qián ni la imagen del cielo admiten mudanza alguna.

«Sublime éxito, propicia la perseverancia» (Yuán Hēng Lì Zhēn) son las palabras dictadas por el rey Wen para determinar la fortuna o la adversidad de todo el hexagrama: es el llamado dictamen del Juicio (Tuanci).

«Yuán» es lo grande; «hēng» es lo penetrante y expedito; «lì» es lo conveniente y propicio; «zhēn» es lo recto y firme.

El rey Wen consideró que la vía de Lo Creativo (Cielo) es grandiosamente penetrante y sumamente recta; por ende, al consultar el oráculo y obtener este hexagrama con las seis líneas estables, el presagio indica que se alcanzará un éxito cabal y vasto, mas la conveniencia residirá indefectiblemente en guardar una firme rectitud, pues solo así podrá asegurarse un buen fin.

Este es el propósito sutil con que el sabio compuso los cambios y enseñó a consultar el oráculo para desentrañar las cosas y consumar las empresas. Lo mismo rige para los restantes hexagramas.

Zhouyi BenyiComentario Tuan

Tuàn [fónico tǔ-luàn]. El Juicio (Tuàn) alude a las palabras compuestas por el rey Wen; la «Explicación del Juicio» (Tuànzhuàn) es el comentario con el que Confucio dilucidó el canon. En adelante, cuantas veces se mencione «el Comentario» (Zhuàn), entiéndase de igual modo.

Este pasaje esclarece exclusivamente el sentido de Qián a partir de la Vía celeste, desglosando «Yuán, Hēng, Lì, Zhēn» como cuatro virtudes cardinales; esta primera sección explica primordialmente el significado de «Yuán».

«¡Cuán grande!» es una exclamación de encomio; «Yuán» es lo grandioso y el principio supremo. El Principio primordial de Lo Creativo (Cielo) es el magno origen de la virtud del Cielo; por ello, la génesis de todos los seres toma de él su punto de partida.

Siendo además la primera de las cuatro virtudes, atraviesa de principio a fin la virtud celeste; de ahí que se diga: «gobierna el Cielo». «Derrama y despliega» [fónico shī-chǐ; rige igual dentro del hexagrama]. Esto explica la cualidad «Hēng» (el éxito penetrante) de Qián.

El principio es «Yuán»; el fin alude a «Zhēn» (la perseverancia). Si no hay consumación final, no hay nuevo comienzo; si no hay firme rectitud, no hay fundamento para el Principio.

Esto enseña que cuando el sabio discierne con suma claridad el principio y el fin de la Vía celeste, contempla cómo las seis posiciones del hexagrama se consuman con arreglo al tiempo oportuno, y al cabalgar estos seis trazos yang pone en obra la Vía del Cielo: tal es el supremo y penetrante éxito del sabio.

La mutación gradual es cambio incipiente; la transformación consumada es la plenitud del cambio. Lo que las criaturas reciben de antemano es su naturaleza congénita; lo que el Cielo les asigna es su destino.

La Gran Armonía es el soplo vital sosegado y concordante donde confluyen el yin y el yang. «Cada cual rectifica» se refiere a lo obtenido al nacer; «conservar y sostener» se refiere a preservarlo íntegro tras haber nacido.

Esto expresa que las transformaciones de la Vía de Lo Creativo (Cielo) nada dejan de beneficiar, haciendo que todos los seres alcancen la plenitud de su naturaleza y de su destino para preservarse a sí mismos, dilucidando así el sentido de «Lì Zhēn» (propicia la perseverancia).

Que el sabio se halle en la cúspide encumbrado por encima de todos los seres equivale a las transformaciones de la Vía de Lo Creativo (Cielo); que las innumerables naciones hallen su debido lugar y alcancen el sosiego general equivale a que todos los seres rectifiquen su naturaleza y destino conservando la Gran Armonía: tal es el provecho y la firmeza del sabio.

Tratado de manera integral: «Yuán» es el brote inicial de los seres; «hēng» es su lozano desarrollo; «lì» es su maduración hacia el fruto; «zhēn» es la consumación plena del fruto.

Una vez consumado el fruto, cae su pedúnculo y vuelve a plantarse para renacer: he aquí por qué las cuatro virtudes giran en ciclo incesante sin término.

No obstante, entre estas cuatro fluye el soplo viviente sin interrupción alguna; por eso «Yuán» abarca las cuatro virtudes y preside el Cielo.

Desde la perspectiva del sabio, la intención de Confucio fue considerar este hexagrama como el presagio del santo varón que accede a la dignidad celeste, ejerce la Vía del Cielo y propicia la Gran Paz.

Aunque el sentido literal no coincida enteramente con el original del rey Wen, si el lector lo busca según su contexto espiritual, ambas interpretaciones avanzan a la par sin contradecirse. Lo mismo vale para el hexagrama Lo Receptivo (Tierra).

Zhouyi BenyiGran Imagen

La «Gran Imagen» (Xiàng) comprende las dos imágenes —inferior y superior— del hexagrama, así como los seis trazos de ambas, con las palabras compuestas por el duque de Zhou. El Cielo es la imagen del hexagrama Qián.

Comúnmente, los hexagramas dobles toman el sentido de la duplicación; sin embargo, este es el único caso que no lo hace, pues el cielo es uno solo.

Con todo, al decir «el movimiento del cielo», se advierte que en un día completa una revolución y al día siguiente otra más, como una imagen de incesante repetición que nadie podría sostener salvo quien posea un vigor supremo.

El noble lo toma como pauta: no permite que los deseos humanos menoscaben la firmeza de su virtud celeste, fortaleciéndose a sí mismo sin descanso.

Zhouyi BenyiComentario Wen Yan

Zhǎng [fónico dīng-wén; lo mismo para zhǎng-rén, 'guiar a los hombres']. Gàn [fónico gǔ-dàn, 'tronco/sostén'].

Este capítulo profundiza el sentido de los Comentarios al Juicio y a las Imágenes, a fin de agotar los arcanos de los hexagramas Lo Creativo (Cielo) y Lo Receptivo (Tierra), sirviendo de modelo por extensión analógica para los demás hexagramas.

«Yuán» es el comienzo de la generación de los seres; no hay virtud en el Cielo y la Tierra que le preceda, por lo que en las estaciones corresponde a la primavera y en el ser humano a la benevolencia (rén), siendo la cúspide de todas las bondades.

«Hēng» es el libre curso de los seres; cuando alcanzan este estado, todo se torna espléndido y bello, por lo que en las estaciones corresponde al verano y en el hombre a la corrección y el rito (lǐ), congregando todas las excelencias.

«Lì» es la fructificación conveniente de los seres, en la que cada cual obtiene lo adecuado sin estorbarse mutuamente; en las estaciones corresponde al otoño y en el hombre a la justicia y rectitud (yì), obteniendo la armonía de cada deber.

«Zhēn» es la consumación lograda de los seres; el principio sustancial se halla colmado y autosuficiente en cada entidad, por lo que en las estaciones corresponde al invierno y en el hombre a la sabiduría (zhì), fungiendo de tronco de todos los asuntos; el tronco es el cuerpo del árbol en el cual se afirman y sostienen ramas y hojas.

Teniendo la benevolencia por sustancia, no hay ser alguno que quede fuera del amor universal; por ello es apto para presidir y guiar a los hombres.

Al celebrar y armonizar las congregaciones, nada desentona del rito; al hacer que cada criatura alcance su conveniencia, la rectitud se torna enteramente armónica.

El perseverante y firme conoce dónde reside lo correcto y lo custodia con lealtad inquebrantable; es el llamado «conocer sin apartarse jamás», por lo que basta para ser el tronco y sostén de los hechos.

Nadie que no posea el vigor supremo del noble podría poner esto en práctica; de ahí que se diga: «Qián: sublime éxito, propicia la perseverancia».

Esta primera sección profundiza el Comentario al Juicio y no difiere de las palabras de Mujing recogidas en las Crónicas de Primavera y Otoño; se presume que en la remota antigüedad existía ya esta sentencia, la cual Mujing citó y Confucio adoptó.

Por ello, el texto posterior añade «Dijo el Maestro» para señalar las palabras de Confucio, pues quien recopiló el comentario quiso transparentar que este pasaje provenía de sentencias antiguas. Lè [fónico luò; también kǔ-xué]. La virtud del dragón es la virtud del sabio.

Hallarse abajo significa ocultamiento. «Mudar» alude a alterar aquello que se custodia. En general, los seis trazos del hexagrama Qián en el Wenyan se explican tomando al sabio como modelo: hay ocultamiento o manifestación, mas no grados superficiales ni profundos de virtud.

Xíng [fónico xià-mèng]. Xié [fónico yǐ-jiē]. Hallarse en el centro correcto es el tiempo en que no se está sumergido ni se ha saltado aún. Que la palabra ordinaria sea confiable y la conducta cotidiana sea prudente es el colmo de la virtud consumada.

Apartar la perversidad para conservar la propia sinceridad y perseverar sin fatiga entraña custodiarlo todo: al decir «la virtud del soberano», se explica que el Nueve en el segundo puesto es un gran hombre. Jī [fónico jī, 'los gérmenes de las cosas'].

La lealtad y la sinceridad residen en el corazón, sin un solo pensamiento desprovisto de rectitud. Cultivar las palabras se manifiesta en las obras, sin una sola expresión falaz.

Por más que se abrigue un corazón leal y fidedigno, si no se pulen las expresiones ni se afirma la sinceridad, no habrá con qué morar en él.

Conocer adónde llegar y llegar a ello concierne al progreso de la virtud; conocer el desenlace y consumarlo concierne a afianzar la obra propia.

Por esta razón, «durante todo el día se mantiene creativamente activo y al anochecer permanece vigilante»: de este modo puede estar arriba o abajo sin arrogancia ni congoja, y en ello reside el hallarse libre de falta. Nueve en el cuarto puesto: «O bien salta en el abismo.

Sin falta». ¿Qué significa esto? Dijo el Maestro: Subir o bajar sin regla fija no persigue la perversidad; avanzar o retroceder sin norma constante no es apartarse de la comunidad.

El noble progresa en su virtud y cultiva su obra queriendo llegar a tiempo; por eso carece de falta. Lí [tono saliente]. El trigrama interno versa sobre la virtud y el aprendizaje; el trigrama externo versa sobre la oportunidad temporal y la posición.

Progresar en la virtud y cultivar la obra ya quedaron cabalmente descritos en el Nueve en el tercer puesto; aquí se trata de avanzar aprovechando la ocasión oportuna. Nueve en el quinto puesto: «Dragón volador en el cielo. Es propicio ver al gran hombre». ¿Qué significa esto?

Dijo el Maestro: Sonidos semejantes resuenan entre sí; soplos afines se buscan mutuamente. El agua fluye hacia lo húmedo; el fuego acude a lo seco; las nubes siguen al dragón; el viento acompaña al tigre. Cuando el sabio surge, todas las criaturas lo contemplan.

Lo que tiene su raíz en el cielo se apega a lo alto; lo que tiene su raíz en la tierra se apega a lo bajo: cada cosa sigue a su especie. Yìng [tono saliente].

«Surge» significa levantarse; «las criaturas» alude a los hombres; «lo contemplan» dilucida el sentido de «es propicio ver». Lo enraizado en el cielo son los seres animados; lo enraizado en la tierra son las plantas; cada ser sigue a su congénere.

El sabio es la cúspide de la especie humana; por ende, al elevarse en lo alto, todos los hombres vuelven la mirada hacia él. Nueve arriba: «Dragón soberbio tendrá que arrepentirse». ¿Qué significa esto?

Dijo el Maestro: Noble, mas carente de posición; elevado, mas sin pueblo; los hombres virtuosos ocupan los puestos inferiores y no le asisten: por eso todo movimiento acarrea arrepentimiento.

«Los hombres virtuosos ocupan los puestos inferiores» alude a que desde el Nueve en el quinto puesto hacia abajo nadie le auxilia, ya que el Nueve arriba peca de encumbramiento y vanagloria, impidiendo que acudan en su ayuda.

Esta segunda sección profundiza el sentido del Comentario a las Imágenes. «Dragón oculto, no actúes»: se halla abajo. «Dragón que aparece en el campo»: el tiempo exige replegarse. Shě [fónico shě]. Expresa que el tiempo aún no permite ser empleado.

«Durante todo el día creativamente activo»: ejecuta los deberes. «O bien salta en el abismo»: se pone a prueba a sí mismo. Aún no actúa de golpe, sino que tantea cautelosamente lo que conviene. «Dragón volador en el cielo»: gobierna desde lo alto. Zhì [tono llano].

Ocupa la cúspide para regir lo inferior. «Dragón soberbio tendrá que arrepentirse»: calamidad propia del colmo extremo. «Lo Creativo (Cielo) utiliza el nueve: el mundo entero es gobernado». Zhì [tono saliente].

Expresa que «Lo Creativo (Cielo) utiliza el nueve» muestra una singularidad frente a otros hexagramas: cuando la vía del gobernante une la firmeza con la ductilidad y suavidad, no habrá nada en el orbe que no quede en orden y paz.

Esta tercera sección reitera el sentido precedente. «Dragón oculto, no actúes»: el hálito yang yace escondido y latente. «Dragón que aparece en el campo»: el mundo entero se ilumina con la cultura civilizatoria.

Aunque no ocupe la posición soberana, el orbe ya se impregna de su influjo transformador. «Durante todo el día creativamente activo»: marcha al unísono con el tiempo. Es lo que el momento imperiosamente reclama.

«O bien salta en el abismo»: la Vía de Lo Creativo (Cielo) emprende una mudanza radical. Abandona lo inferior para ascender: es época de renovación y cambio. «Dragón volador en el cielo»: se entroniza en la virtud celeste.

La virtud celeste es el trono celeste mismo; únicamente quien posee tal virtud merece ocupar tal solio, por lo cual así se designa. «Dragón soberbio tendrá que arrepentirse»: llega al límite junto con el tiempo.

«Lo Creativo (Cielo) utiliza el nueve»: contemplación de la ley celeste. Ser firme y a la vez capaz de ductilidad es el mandato y la ley del Cielo. Esta cuarta sección vuelve a desplegar el sentido previo.

El Principio primordial de Lo Creativo (Cielo) es lo que engendra y procura el éxito. Al comenzar, el éxito es indefectible; tal es el curso necesario del orden natural. «Propicia la perseverancia»: revela la íntima naturaleza y el sentimiento.

En el recogerse y retraerse hacia lo hondo se manifiesta la verdad de la naturaleza y del sentimiento. Lo Creativo (Cielo) comienza derramando el espléndido beneficio sobre el mundo sin proclamar en qué consiste tal provecho: ¡cuán excelso es!

Comenzar es «Yuán» y «Hēng»; beneficiar al orbe es «Lì»; no pregonar el provecho es «Zhēn». Hay quienes dicen que en Lo Receptivo (Tierra) se dice «propicia la fidelidad de la yegua», mencionando expresamente el objeto de provecho.

¡Grande es Qián!: firme, vigoroso, central, recto, puro, incontaminado y sutilmente esencial. La firmeza alude a su sustancia corpórea; el vigor comprende su acción funcional.

El centro entraña que sus actos no incurren en exceso ni defecto; la rectitud radica en que su postura jamás es parcial. Estas cuatro son las virtudes de Lo Creativo (Cielo).

La pureza es no hallarse mezclado de debilidad yin; lo incontaminado es no tener mancha de malicia perversa: es la cima culminante de lo firme, vigoroso, central y recto; y lo esencial es el ápice supremo de lo puro y diamantino.

Si alguien dudara diciendo que al ser Qián enteramente firme sin yin no podría calificarse de central y recto, yerra por completo.

Entre el cielo y la tierra no hay sino un solo soplo primordial que fluye entre movimiento y quietud: considerado como la totalidad de su flujo continuo, se le llama exclusivamente Qián y nada deja de abarcar; solo al distinguirse por el movimiento y el reposo surgen las diferencias entre yin y yang, firmeza y flexibilidad.

Los seis trazos se despliegan y comunican íntegramente las verdades del cosmos. «Comunicar íntegramente» expresa penetrar e interpretar hasta el último confín.

Cabalgar oportunamente seis dragones para gobernar el cielo: las nubes se desplazan, cae la lluvia y el orbe halla la paz.

Enseña que cuando el sabio cabalga oportunamente seis dragones para señorear el cielo, actúa a semejanza del cielo cuando hace marchar las nubes y derramar las lluvias, trayendo la paz universal. Esta quinta sección retoma una vez más el sentido del capítulo inicial.

El noble considera la consumación de la virtud como su propia conducta habitual; es una práctica visible día a día. «Oculto» expresa que permanece reservado sin exhibirse, su conducta aún no se despliega enteramente y por eso el noble no obra externamente.

Xíng [ambos en tono saliente]. Xiàn [para 'no manifestado']. «Virtud consumada» alude a la virtud ya madura. El Nueve al comienzo posee en verdad la virtud consumada, solo que sus actos no deben manifestarse todavía.

El noble aprende para acumular, inquiere para discernir, mora en la generosidad y actúa con benevolencia. Dice el I Ching: «Dragón que aparece en el campo. Es propicio ver al gran hombre»: tal es la virtud del soberano.

Por medio de estas cuatro prácticas se consuma la virtud del gran hombre; al reiterar «la virtud del soberano», se enfatiza con hondura que el Nueve en el segundo puesto es verdaderamente el gran hombre.

El Nueve en el tercer puesto duplica la firmeza sin ocupar la posición central; no está arriba en el cielo ni abajo en el campo. Por ende, actúa con creativa infatigabilidad y, según la ocasión, se mantiene cauto y vigilante; aunque se halle en peligro, estará libre de falta.

Chóng [tono llano en adelante]. «Duplica la firmeza» se refiere a un trazo yang en una posición impar yang. El Nueve en el cuarto puesto duplica la firmeza sin ocupar la posición central; no está arriba en el cielo, ni abajo en el campo, ni en el centro entre los hombres.

Por ello dice «o bien»; «o bien» entraña discernimiento vacilante, y por eso carece de falta. El Nueve en el cuarto puesto no duplica la firmeza yang; la palabra «duplica» (chóng) parece un añadido espurio.

«Entre los hombres» alude al tercer puesto; «o bien» denota seguir el tiempo sin fijación ciega.

El gran hombre concuerda en su virtud con el Cielo y la Tierra; en su claridad, con el sol y la luna; en su orden, con las cuatro estaciones; y en sus determinaciones fastas y nefastas, con los dioses y espíritus.

Se anticipa al Cielo y el Cielo no le contradice; secunda al Cielo y acata las sazones celestes. Si el Cielo mismo no se le opone, ¡cuánto menos los hombres, cuánto menos los dioses y espíritus! Fū [fónico fū]. Xiān-hòu [tono saliente].

El «gran hombre» explica al personaje al que es propicio ver según el texto de la línea. Solo quien reuniendo tal virtud ocupa el lugar correspondiente encarna esta dignidad.

El hombre, el Cielo, la Tierra y los espíritus no poseen dos principios diferentes; mas cuando el hombre se halla ofuscado por el egoísmo del «yo», queda aprisionado en su forma corpórea y pierde la comunión.

El gran hombre carece de egoísmo y tiene a la Vía por sustancia propia: ¿qué cabe hablar en él de separación entre un antes o un después?

Que al anticiparse al Cielo este no discrepe significa que los dictados de su mente armonizan tácitamente con la Vía; secundar al Cielo y acatarlo expresa que conociendo el principio, lo venera y lo pone en práctica.

Cierta vez los uigures dijeron a Guo Ziyi: «El adivino nos reveló que en este viaje habríamos de ver a un gran hombre antes de regresar»; aquel vaticinio cuadraba ciertamente con esto.

Aunque hombres como Ziyi distaran del nivel ponderado por Confucio, en su absoluta imparcialidad y entrega sin egoísmo bien merecían ser llamados grandes hombres de su tiempo.

«Soberbio» significa conocer el avance mas ignorar el retroceso; conocer la permanencia mas ignorar el perecimiento; conocer la ganancia mas ignorar la pérdida. Sàng [tono saliente]. Por esta causa, cada movimiento desemboca en el arrepentimiento.

¿Acaso no es solo el sabio quien conoce el avance y el retroceso, la conservación y la ruina, sin perder jamás la rectitud? ¡Ciertamente solo el sabio!

Al comprender que la dinámica del orden natural es tal y desenvolverse con arreglo a la Vía, jamás caerá en el arrepentimiento; no se trata en modo alguno de calcular argucias egoístas para rehuir el daño.

Al reiterar «¿Acaso no es solo el sabio?», comienza como formulando una pregunta retórica y concluye respondiéndose a sí mismo con certidumbre. Esta sexta sección retoma y amplía el sentido de las secciones segunda, tercera y cuarta.

Yichuan YizhuanJuicio

Cuando los santos sabios de la remota antigüedad trazaron por vez primera los Ba Gua, las tres potencias cósmicas quedaron cabalmente representadas. Luego las duplicaron para agotar todas las mutaciones del mundo; por ello, mediante seis trazos se formó el hexagrama.

Duplicar Qián da por resultado Lo Creativo (Cielo). Qián es el cielo: «cielo» designa su forma y sustancia corpórea; «Qián» designa su índole espiritual y sentimiento. Qián es vigor: llamamos Qián a la fuerza activa e infatigable.

Hablando de manera absoluta, el Cielo es la Vía misma, como cuando se dice: «el Cielo no le contradice».

Considerándolo analíticamente: por su configuración corporal se le llama Cielo; por su rectoría suprema se le llama Soberano (Dì); por sus operaciones manifiestas se le llama espectros y espíritus; por su misteriosa eficacia sutil se le llama Numendad (Shén); por su naturaleza íntima se le llama Qián.

Siendo Qián el origen primero de todos los seres, es el Cielo, es el Yang, es el Padre y es el Soberano.

«Sublime éxito, propicia la perseverancia» son llamadas las cuatro virtudes: «Yuán» es el inicio de todos los seres; «hēng» es su crecimiento y libre curso; «lì» es su sazón fructífera; «zhēn» es su consumación acabada.

Únicamente Lo Creativo (Cielo) y Lo Receptivo (Tierra) poseen de manera cabal estas cuatro virtudes; en los restantes hexagramas, varían según cada circunstancia particular.

Por ende, «Yuán» se define primordialmente por la bondad excelsa; «Lì» se sustenta en la firmeza y la rectitud; y las naturalezas de «Hēng» y «Zhēn» responden a cada asunto concreto. ¡Cuán vasta y profunda es la significación de estas cuatro virtudes!

Yichuan YizhuanComentario Tuan

Las sentencias formuladas bajo el hexagrama constituyen el Juicio (Tuàn); las explicaciones que el Maestro añadió para dilucidarlo se denominan genéricamente Comentario al Juicio (Tuànzhuàn).

El Juicio declara el sentido intrínseco de todo el hexagrama; por consiguiente, quien es sabio y contempla el dictamen del Juicio habrá penetrado más de la mitad del misterio.

«¡Cuán grande es el Principio de Lo Creativo (Cielo)!» elogia la inmensidad de la Vía por la cual Qián origina a todos los seres.

El principio primordial («Yuán») entre las cuatro virtudes equivale a la benevolencia (rén) entre las cinco constantes: expresado aisladamente es una sola virtud, mas abarcado plenamente contiene a las otras tres.

«Todas las cosas toman de él su origen; así gobierna el Cielo» describe la virtud originaria de «Yuán»: el Principio de Lo Creativo rige en su totalidad la Vía celeste; la Vía del Cielo origina a todas las criaturas, y todas ellas toman su génesis del Cielo.

«Las nubes marchan y la lluvia se prodiga; las diversas especies adquieren sus formas visibles» explica la expansión de «Hēng»: el curso celeste se despliega y engendra la multitud de los seres.

Comprender con suma claridad el principio y el fin de la Vía celeste muestra cómo las seis posiciones se completan a su debido tiempo: el inicio y el remate del hexagrama reflejan el ciclo cósmico de la Vía del Cielo; cabalgar el momento oportuno de estos seis trazos es secundar el movimiento del firmamento.

«Gobernar el cielo» significa estar a la altura de la revolución cósmica. La Vía de Lo Creativo muta y engendra todos los seres: grandes y menudos, excelsos y humildes, cada cual según su linaje rectifica su propia naturaleza y destino.

Lo asignado por el Cielo es el destino; lo recibido por los seres es la naturaleza. «Preservar en armonía la Gran Unidad propicia la perseverancia»: preservar es la permanencia perpetua; unificar es la concordia incesante.

Preservar en armonía la Gran Armonía hace que todo sea propicio y recto. La razón por la que la Vía del Cielo y de la Tierra perdura eternamente sin extinguirse estriba en conservar la Gran Armonía.

El Cielo es el ancestro de todas las criaturas; el rey es el guía y señor de todas las naciones.

La Vía de Lo Creativo se alza sobre todos los seres y las infinitas especies florecen con desahogo; la majestad del soberano desciende sobre el trono supremo y los cuatro mares le acatan.

Cuando el soberano encarna en sí la Vía del Cielo, las diez mil naciones hallan el sosiego y la paz.

Yichuan YizhuanGran Imagen

La Imagen bajo el hexagrama desentraña la figura entera del hexagrama; la Imagen bajo cada trazo desentraña la figura de una sola línea. Todos los hexagramas toman una imagen para erigirla en pauta moral.

La imagen con que la Vía de Lo Creativo cubre y nutre es tan inconmensurable que nadie, fuera del sabio santo, podría encarnarla plenamente; empero, a fin de que todos los hombres hallen en ella una norma que imitar, se toma simplemente el vigor infatigable de su marcha.

El colmo de la firmeza activa basta a la verdad para revelar la Vía celeste. «El noble se fortalece a sí mismo sin descanso» toma por modelo el incansable dinamismo del cielo.

Yichuan YizhuanComentario Wen Yan

Los demás hexagramas solo contienen el Juicio y la Imagen; únicamente Lo Creativo (Cielo) y Lo Receptivo (Tierra) presentan además el Comentario Wenyan para desentrañar sus arcanos y aplicar la Vía de Lo Creativo a los asuntos humanos.

«Yuán, Hēng, Lì, Zhēn» son las cuatro virtudes de Qián: en el ámbito humano, «Yuán» es la cúspide de todas las bondades; «Hēng» es el concierto de las más bellas armonías; «Lì» es el concordar con la debida justicia; «Zhēn» es el nervio y sostén firme para llevar a término las obras.

Encarnar e imitar la benevolencia de Lo Creativo es la vía del señor y soberano; basta para guiar y presidir a los hombres. Encarnar la benevolencia es encarnar el principio originario («Yuán»); emularlo y conformarse a él es lo que llamamos «encarnar».

Alcanzar la excelencia de la libre comunicación equivale a conformarse al rito sagrado; lo que desentona del rito no armoniza con el principio cósmico: ¿cómo podría llamarse bello y armónico? Y si no es conforme al principio, ¿dónde habría éxito y libre curso?

Concordar con la justicia es lo que permite beneficiar verdaderamente a las criaturas: ¿acaso podría beneficiar a los seres quien obrare sin conveniencia y desacertadamente? La firme rectitud es aquello que permite sustentar y consumar las empresas.

Practicar estas cuatro virtudes es fundirse en unidad con Lo Creativo (Cielo). «Dragón oculto». De aquí en adelante se expone la aplicación de Lo Creativo: la vía de utilizar el nueve.

El Nueve al comienzo representa el brote incipiente del yang, la virtud del dragón en su retiro escondido: es el sabio y virtuoso cuando aún mora en la humildad y la penumbra.

Custodia su Vía sin mudar al compás de las modas mundanas; vela su conducta sin mendigar el reconocimiento de su época; confía en sí mismo y goza en su interior; se mueve cuando advierte que es oportuno y se retira al vislumbrar la dificultad; su apego al principio es tan inconmovible que nada puede arrebatarlo: tal es la virtud del dragón oculto.

«La virtud del soberano». Quien ostentando la virtud del dragón ocupa la posición central y recta, por hallarse en el centro del trigrama alcanza el sentido de la moderación central.

Constante en la palabra veraz, constante en la conducta prudente: en cada instante y circunstancia se atiene a esta norma. Al situarse en un terreno libre de error, su único afán reside en apartar la perversidad; erradicada la perversidad, resplandece la sinceridad interior.

Hace el bien al mundo sin jactarse, sin atribuirse el mérito; su virtud es tan vasta que transforma el entorno: rectificándose a sí mismo, todas las cosas se enderezan.

Todo esto concierne a las obras del gran hombre: aunque no ostente el solio del gobernante, posee plenamente la virtud del soberano.

«Conocer adónde llegar y llegar a ello permite discernir los gérmenes de las cosas; conocer el desenlace y consumarlo permite preservar la justicia debida. Por consiguiente, al ocupar una posición encumbrada no se enorgullece y al hallarse en un puesto subalterno no se congoja.

Por ello obra con infatigable actividad y, según el momento, permanece vigilante; aunque se halle en peligro, estará libre de falta». El tercer trazo ocupa la cúspide del trigrama inferior, y en él la virtud señorial ya se manifiesta: ¿qué le resta por hacer?

Únicamente progresar en la virtud y cultivar su obra. Acumular interiormente lealtad y sinceridad es el medio para perfeccionar la virtud; sopesar las palabras y afirmar con tesón la voluntad es el modo de afianzar la obra propia.

«Conocer adónde llegar y llegar a ello» es el colmo del conocimiento: buscar saber a qué meta dirigirse y luego alcanzarla; como el saber antecede al acto, permite penetrar los gérmenes sutiles: esto es lo que se llama «iniciar con orden metódico», y concierne a la sabiduría.

«Conocer el desenlace y consumarlo» alude a la puesta en práctica resuelta: una vez conocido el término hacia el que se avanza, empeñarse con vigor hasta consumarlo y custodiarlo firmemente después; por ello permite preservar la justicia debida: esto es lo que se llama «concluir con orden consumado», y concierne a la santidad.

Tal es el principio y el fin del aprendizaje del noble. Siendo así el cultivo del noble, sabe cómo conducirse arriba o abajo sin soberbia ni aflicción; infatigable y vigilante, aun hallándose en terreno peligroso permanece libre de falta.

Zhouyi ZhuComentario Tuan

«Cielo» es el nombre de la forma corporal; «vigoroso» (qián) es lo que pone en movimiento y anima dicha forma.

La forma corpórea es de por sí una atadura gravosa para los seres: poseer la mole del cielo y ser capaz de preservarla eternamente sin merma alguna, alzándose como primicia de todas las criaturas, ¿cómo podría regirse si no fuera por obra del vigor supremo?

Discerniendo con suma claridad la Vía del principio y del fin, los seis puestos alcanzan su plenitud sin errar la sazón debida; ascendiendo o descendiendo sin una norma rígida, actúan acompasados al tiempo: cuando se recogen cabalgan el dragón oculto; cuando se manifiestan cabalgan el dragón volador: por eso se dice «cabalga oportunamente seis dragones».

Guiando las mutaciones para conducir el gran instrumento del cosmos, reposando con entera fijeza y moviéndose en línea recta sin menoscabar la Gran Armonía: ¿acaso no es esto rectificar los auténticos sentimientos de la naturaleza y del destino?

Si no hubiera armonía, sobrevendrían la aspereza y la violencia desmedida. La razón por la cual las diez mil naciones hallan el sosiego estriba en que cada una posee un soberano.

Zhouyi ZhengyiComentario Tuan

Desde «El Juicio dice: ¡Cuán grande es el Principio de Lo Creativo (Cielo)!» hasta «cada cual rectifica su propia naturaleza y destino».

El Comentario 正義 (Sentido Correcto) declara: El dictamen del Juicio redactado por el Maestro aborda globalmente el sentido de todo el hexagrama, describiendo ya su virtud, ya su significado, ya su denominación; por ello el tratado Lüèlì señala: «¿Qué es el Juicio?

Es lo que diserta sobre la totalidad de la estructura del hexagrama y esclarece el principio primordial del que dimana».

Examinando esto, tanto el maestro Chu como el maestro Zhuang coinciden: «Tuàn significa juzgar o dictaminar con certeza el sentido cabal de un hexagrama; de ahí que se llame Tuàn». Empero, este Juicio dilucida a Qián junto con las virtudes de Yuán, Hēng, Lì y Zhēn.

Al desglosar estas cuatro virtudes, los diversos letrados han discrepado; mas examinada la explicación del maestro Zhuang, hallamos que su razonamiento es más riguroso, y por tanto nos atenemos a él. «¡Cuán grande es el Principio de Lo Creativo (Cielo)!

Todas las cosas toman de él su origen; así gobierna el Cielo»: estas tres frases explican de consuno a Qián y a Yuán. «Qián» es el nombre del hexagrama; «Yuán» es la cúspide de la virtud de Qián, por lo que se asocia la virtud de Yuán para esclarecer a Qián.

«¡Cuán grande es el Principio de Lo Creativo (Cielo)!»: el hálito yang es vasto e inmenso y el cuerpo de Lo Creativo es dilatado y remoto; además, mediante su grandeza primordial engendra a todas las criaturas, por lo que se exclama: «¡Cuán grande es el Principio de Lo Creativo!».

«Todas las cosas toman de él su origen» dilucida por qué a Qián-Yuán se le llama «grande»: todos los seres visibles toman de este Principio supremo su propio inicio vital sin perder su conveniencia oportuna, mereciendo por ello el dictado de «grande».

«Así gobierna el Cielo»: por ser sumamente vigoroso y origen de todas las cosas, puede erigirse en regidor del firmamento; el cielo es una entidad con forma sensible, y al ser Qián el colmo del vigor activo puede presidir lo corpóreo: tal es la virtud del Principio de Lo Creativo.

«Las nubes marchan y la lluvia se prodiga; las diversas especies adquieren sus formas visibles»: estas dos frases explican la virtud de «Hēng» (el éxito penetrante); expresan que Lo Creativo, empleando la virtud del cielo, hace que los soplos de las nubes fluyan y el rocío de la lluvia se derrame, gracias a lo cual las diversas clases de seres se despliegan cobrando forma y alcanzando libre curso sin traba ni obstrucción alguna: en esto consiste «Hēng».

«Comprende con claridad el principio y el fin; las seis posiciones se completan a su debido tiempo»: estas dos frases recapitulan la virtud del hexagrama Qián.

La virtud de Qián discierne con suma lucidez la Vía por la que los seres comienzan y concluyen: al inicio permanecen sumergidos y al final se alzan en vuelo; cuando conviene sumergirse se sumergen, y cuando procede volar vuelan.

Por penetrar cabalmente esta alternancia de principio a fin, las seis posiciones de los trazos se van cumpliendo acompasadas a su sazón.

De ignorar esta Vía, volarían cuando correspondiera sumergirse, o se sumergirían cuando debieran volar; engendrarían en tiempo de siega o segarían en tiempo de nacimiento, y los seis puestos jamás se consumarían en su debido momento.

«Cabalga oportunamente seis dragones para gobernar el cielo»: estas dos frases reafirman la sentencia «así gobierna el Cielo»; declaran que la virtud de Lo Creativo cabalga oportunamente el hálito yang de las seis líneas para regir la mole celeste.

Los seis dragones son los dragones propios de los seis puestos: atendiendo a su posición inferior o superior se les llama «seis puestos»; según el ascenso y descenso del hálito yang se les denomina «seis dragones».

El texto precedente explicó la virtud de Qián en su conjunto a partir del vigor supremo y del comienzo originario, diciendo «así gobierna el Cielo»; aquí, al cabalgar los seis dragones y repartir a cada cual su tarea, expresa «para gobernar el cielo».

«La Vía de Lo Creativo muta y se transforma; cada cual rectifica su propia naturaleza y destino»: estas dos frases ahondan en el sentido de que todas las cosas toman su origen de Qián.

La sustancia de la Vía carece de forma y hace que las cosas se abran y prosperen naturalmente; a eso se le llama «Vía» (Dào). Dado que la virtud del hexagrama Qián permea y hace fluir espontáneamente a los seres, se le denomina «la Vía de Lo Creativo».

«Mutación» (biàn) alude a cuando lo posterior reemplaza a lo anterior mediante un cambio gradual y paulatino. «Transformación» (huà) alude al paso súbito del ser a la nada o de la nada al ser.

Se afirma pues que la Vía de Lo Creativo, tanto si hace que las cosas muden gradualmente como si hace que se transformen de golpe, asienta y rectifica con exactitud la naturaleza y el destino de cada entidad.

La naturaleza es la complexión conferida por el Cielo, análoga a las distinciones entre dureza y docilidad o lentitud y rapidez; el destino es lo que el hombre recibe en suerte, como las contingencias del honor y la vileza, o la longevidad y la muerte prematura.

Respecto a la nota desde «Cielo es el nombre de la forma corporal» hasta «¿acaso no es esto rectificar los auténticos sentimientos de la naturaleza y del destino?»: El Comentario declara: La forma corpórea es una carga y atadura para los seres; todo ser provisto de forma corpórea halla en ella una limitación, y cuantas criaturas albergan vida se acongojan por su propia naturaleza y destino.

Empero, el Cielo y la Tierra, no obstante poseer forma manifiesta, se preservan por siempre sin mengua alguna alzándose a la cabeza de la creación: ¿acaso quien los anima y preside no ha de ser el colmo absoluto del vigor infatigable?

Si no fuera sumamente vigoroso, ¿cómo libraría a la mole celeste de toda carga pesada? Al contemplar su incorruptibilidad, reconocemos el «vigor supremo».

«Guiando las mutaciones para conducir el gran instrumento del cosmos»: cabalgar las mutaciones alude a servirse tanto del dragón oculto como del dragón volador; «el gran instrumento» se refiere al Cielo mismo.

Cabalgando el dragón oculto y el dragón volador gobierna la mole celeste de suerte que esta gira y se mueve sin reposo alguno; por ello dice «para conducir el gran instrumento del cosmos».

«Reposando con entera fijeza y moviéndose en línea recta sin menoscabar la Gran Armonía»: en cuanto sustancia de Qián, cuando mora en reposo se mantiene en una quietud indivisa y sin mudanza; cuando entra en movimiento marcha recta y justa sin torcimiento alguno.

Por eso el comentario Xici superior afirma: «Lo Creativo, en su reposo, es recogido y concentrado; en su movimiento, es recto y resuelto; por ello engendra grandiosamente». La nota de Han Kangbo precisa: «Concentrado significa indiviso; recto significa firme y justo».

«Sin menoscabar la Gran Armonía» concuerda con lo expresado más adelante como «preservar en armonía la Gran Armonía».

«¿Acaso no es esto rectificar los auténticos sentimientos de la naturaleza y del destino?»: como Lo Creativo puede ordenar y fijar rectamente la naturaleza y el destino de las criaturas, exclama retóricamente de este modo.

Significa que la naturaleza y el destino de las cosas entrañan sentimientos propios, no que el Cielo posea sentimientos humanos; el Cielo en sí carece de afectos personales: ¿qué sentimientos habría de albergar?

Son los seres quienes poseen sentimientos en su naturaleza y destino: lo recibido al nacer se llama naturaleza congénita; los pensamientos suscitados según las circunstancias se llaman sentimientos.

Aunque las entidades inconscientes carecen de sensibilidad, el texto formula esto mirando a los seres con conciencia, llamándolo por eso «sentimientos». La estructura del Juicio redactada por el Maestro dilucida el significado del hexagrama mediante diversos estilos formales.

El maestro Zhuang sostuvo que existen doce formas estilísticas en el Juicio; aquí solo mencionaremos las líneas rectoras sin extendernos con minucias prolijas.

Afirma Zhuang: «El Juicio a menudo inicia elogiando con admiración la grandeza del hexagrama», como en este Juicio de Lo Creativo (Cielo) que exclama «¡Cuán grande es el Principio de Lo Creativo!» o en el de Lo Receptivo (Tierra) que exclama «¡Cuán suprema es la fuente de Lo Receptivo!».

Siendo inconmensurable la virtud de Qián y Kūn, primero las ensalza para luego dilucidar su sentido.

En otros casos, primero recapitula el texto explicando el significado y concluye con una alabanza, como en el hexagrama El entusiasmo (alt: Yù) al decir «¡Cuán grande es el significado del tiempo de El entusiasmo!».

En otras ocasiones, primero esclarece el nombre del hexagrama y luego remata con dicho nombre, como en La comunidad (alt: Tóng Rén) al decir «lo dócil obtiene su posición, alcanza el centro y responde a Qián: de ahí La comunidad», o en La gran posesión (alt: Dà Yǒu) donde señala «lo dócil obtiene el puesto de honor, alcanza el centro supremo y arriba y abajo le responden: de ahí La gran posesión».

Hay casos donde repite de manera singular el nombre del hexagrama precedido de «dice», como en el Juicio de La comunidad: «Dice La comunidad: Comunidad en campo abierto; éxito», sobre lo cual la nota glosa: «'Comunidad en campo abierto; éxito.

Propicio cruzar las grandes aguas': esto no lo puede realizar el segundo trazo por sí solo, sino que es la obra de Qián; por ello se formula expresamente 'Dice La comunidad'».

Estas variantes obedecen a diferencias de composición; solo en La comunidad se formula de forma singular «Dice La comunidad», recibiendo una glosa particular.

En los restantes hexagramas, los Juicios son ya pormenorizados o sucintos, ya anteponen un concepto o lo posponen; por consiguiente, sus esquemas varían, resultando a veces difíciles y otras veces fáciles de explicar.

Pretender cotejarlos uno a uno forzando reglas sistemáticas rígidas desvirtuaría la intención original del sabio e induciría a confusión y fatiga estéril a los estudiosos. Por ende, los omitimos aquí, reservando su análisis para cada hexagrama particular.

El Comentario 正義 declara: Estas dos frases explican «propicia la perseverancia» (Lì Zhēn). El yang puro peca de dureza y vehemencia; si careciera de suavidad concordante, los seres no hallarían provecho y perderían su rectitud.

Al ser capaz de preservar y aunar la vía del magno beneficio, derrama provecho y rectitud sobre todos los seres, expresando que las criaturas obtienen provecho y firme rectitud.

El Comentario 正義 declara: Todo lo expuesto anteriormente describe cómo la virtud de Lo Creativo nutre espontáneamente a todas las criaturas.

Estas dos frases exponen cómo el sabio emula en lo alto la virtud de Qián para engendrar y educar a los seres: muestran que el sabio, erigido en señor y soberano por encima de la multitud de criaturas, destaca en la cúspide alzando su cabeza sobre todos los hombres y nombra príncipes y dignatarios para regir las diez mil naciones, gracias a lo cual todos los pueblos gozan de sosiego y paz.

La dignidad del soberano es verdaderamente excelsa; de ahí que aquí se diga que «su cabeza sobresale por encima de todos los seres». Mas su ánimo debe mantenerse humilde; por ello el canon precedente sentenció: «Ver aparecer dragones descabezados: ventura».

En el pasaje anterior se describió con prolijidad el empleo de la virtud celeste por obra de Qián; por eso aquí, al equiparar al sabio con Lo Creativo a través de los asuntos humanos, el texto se torna sucinto.

En este sentido, el sabio hace que todos los seres hallen su génesis, asume el gobierno desde el solio celestial, derrama bendiciones y mercedes como nubes que marchan y lluvias que calan para que la muchedumbre cobre forma y desarrolle su ser; asimismo, esclarece cabalmente la vía del auge y la decadencia, del principio y del fin, procurando que las cuatro estaciones celestes y terrenales, lo noble y lo humilde, lo excelso y lo bajo, alcancen su plenitud a su debido tiempo.

Además, encomienda responsabilidades a varones virtuosos para extender la santa transformación, logrando que cada criatura rectifique su naturaleza y su destino: he aquí por qué el sabio modela su conducta según Lo Creativo para instaurar su benéfico magisterio.

Zhouyi ZhengyiGran Imagen

Desde «La Gran Imagen dice: El movimiento del cielo es vigoroso» hasta «se fortalece a sí mismo sin descanso». El Comentario 正義 declara: Esta es la Gran Imagen (Dàxiàng).

Es la tercera ala de las «Diez Alas» y abarca la imagen global de todo el hexagrama; por ello se la llama «Gran Imagen».

Ahora bien, los cuerpos de todas las cosas poseen naturalmente formas e imágenes palpables; los sabios establecieron los hexagramas para plasmar las imágenes de todos los seres del orbe. Habiendo interpretado el Maestro la imagen de este hexagrama, dice: «La Gran Imagen dice».

El cielo posee una firmeza pura, y por ende despliega una función vigorosa. Habiéndose trazado un hexagrama de puro yang para equipararlo analógicamente, se le denomina «Imagen».

La Imagen se ubica después del Juicio porque el Juicio es minucioso y la Imagen es sintética; por esta causa, más de la mitad del sentido profundo se halla en el Juicio y no en la Imagen, lo cual obedece a razones fundadas.

«El movimiento del cielo es vigoroso»: movimiento alude a la traslación incesante; vigoroso denota fortaleza activa infatigable; «Qián» es la definición misma del vigor de todas las cosas.

La Gran Imagen no toma otras entidades vigorosas para su explicación, sino que se refiere exclusivamente al «cielo», pues entre todos los seres vigorosos ninguno escapa al desgaste y la languidez: solo el cielo en su curso diario se desplaza un grado por jornada, girando en perpetua revolución sin haber reposado jamás; por eso se dice «el movimiento del cielo es vigoroso».

Vigoroso es la definición de «Qián», del mismo modo que dócil es la definición de «Kūn» (Lo Receptivo), respecto del cual se dice: «La disposición de la tierra es lo Receptivo».

Que aquí no se diga «el movimiento del cielo es Qián», sino «vigoroso», fue explicado por Liu Biao: «Es para dilucidar con precisión su nombre».

Así pues, «Cielo» es el nombre de su sustancia corpórea, «Qián» es el nombre de su función operativa y «vigoroso» es su definición intrínseca: manifestándose los tres conceptos a la vez, la explicación alcanza la máxima exhaustividad, honrando a Lo Creativo por encima de cualquier otro hexagrama.

En los sesenta y cuatro hexagramas, la enunciación de las imágenes presenta distintas pautas: o bien evoca globalmente el origen de la imagen sin describir la sustancia corpórea ni separar los trigramas superior e inferior, abarcando las seis líneas de manera unitaria, como ocurre con los dos hexagramas Lo Creativo (Cielo) y Lo Receptivo (Tierra); o bien enuncia directamente los dos trigramas, inferior y superior, como «Nubes y truenos: La dificultad al comienzo», «Cielo y tierra se unen: La paz», «Cielo y tierra no se unen: El estancamiento», «Trueno y relámpago: Morder atravesando», «Trueno y viento: La duración», «Se alzan truenos y lluvias: La liberación», «Viento y trueno: El aumento», «Trueno y relámpago llegan juntos: La plenitud», «Truenos sucesivos: Lo Suscitador», «Viento que sigue al viento: Lo Dócil», «Agua repetida: Lo abismal (agua)», «Doble claridad que resplandece: Lo Adherente», «Montañas duplicadas: El Aquietamiento», «Lagos enlazados: Lo Sereno».

En estos catorce hexagramas se enuncian conjuntamente ambos trigramas para colegir el sentido global.

En otros casos se contraponen directamente los dos cuerpos arriba y abajo: «El cielo y el agua marchan en rumbos opuestos: El conflicto», «Arriba el cielo, abajo el lago: La conducta», «El cielo con el fuego concuerda: La comunidad», «Arriba el fuego, abajo el lago: La oposición»; en estos cuatro hexagramas se toma ya la discrepancia de ambos trigramas, ya su consonancia, o bien la mutua correspondencia entre arriba y abajo para estructurar el hexagrama, formulándose por ende en mutua contraposición.

Aunque ambos trigramas forman juntos un solo hexagrama, a veces el texto apunta directamente al trigrama superior, como «Nubes ascienden al cielo: La espera», «El viento corre sobre el cielo: La fuerza domesticadora de lo pequeño», «Fuego en lo alto del cielo: La gran posesión», «El trueno brota de la tierra con ímpetu: El entusiasmo», «El viento sopla sobre la tierra: La contemplación», «La montaña se apoya sobre la tierra: La desintegración», «El lago anega los árboles: La preponderancia de lo grande», «El trueno resuena en lo alto del cielo: El gran poder», «La luz se eleva sobre la tierra: El progreso», «El viento brota del fuego: La familia», «El lago se eleva sobre el cielo: El desbordamiento», «El lago se extiende sobre la tierra: La reunión», «El viento corre sobre las aguas: La dispersión», «El agua sobre el fuego: Después de la consumación», «El fuego sobre el agua: Antes de la consumación».

En estos quince hexagramas se nombra primero la imagen superior ligándola a la inferior, deduciendo el nombre del hexagrama a partir del trigrama superior.

En otros casos, apuntando el sentido hacia la imagen superior, se enuncia primero la inferior para hacer brotar la superior: «Sobre la tierra hay agua: La solidaridad», «Sobre el lago se extiende la tierra: El acercamiento», «Sobre la montaña descansa el lago: La influencia», «Sobre la montaña arde el fuego: El viajero», «Sobre la madera brota el agua: El pozo», «Sobre la madera arde el fuego: El caldero», «Sobre la montaña crece el árbol: El progreso paulatino», «Sobre el lago retumba el trueno: La doncella que se casa», «Sobre la montaña fluye el agua: El impedimento», «Sobre el lago se acumula el agua: La restricción», «Sobre el lago sopla el viento: La verdad interior», «Sobre la montaña ruge el trueno: La preponderancia de lo pequeño».

En estos doce hexagramas se cita primero el trigrama inferior para resaltar el superior, tomando ambos para consumar el hexagrama.

Otras veces se enuncia primero el superior y luego el inferior, deduciendo el sentido a partir del inferior: «Al pie de la montaña brota un manantial: La necedad juvenil», «En medio de la tierra hay agua: El ejército», «Al pie de la montaña sopla el viento: La corrupción», «Al pie de la montaña brilla el fuego: La gracia», «Bajo el cielo retumba el trueno: La inocencia», «Al pie de la montaña resuena el trueno: Las comisuras de la boca», «Bajo el cielo se alza la montaña: La retirada», «Al pie de la montaña se extiende el lago: La merma», «Bajo el cielo sopla el viento: El acoplamiento», «En el seno de la tierra hay una montaña: La modestia», «En el seno del lago resuena el trueno: El seguimiento», «De la tierra brota la madera: El ascenso», «En medio del lago arde el fuego: La revolución».

En estos trece hexagramas se cita primero el trigrama superior y luego se dilucida el inferior; si el superior es el cielo o la montaña, se dice «al pie» o «bajo»; si el superior es la tierra, se dice «en medio» o «en el seno».

Hay ocasiones en que, enunciando primero la imagen inferior, se señala que yace bajo la superior: «El trueno yace en el seno de la tierra: El retorno», «El cielo se halla dentro de la montaña: La fuerza domadora de lo grande», «La luz se hunde en la tierra: El oscurecimiento de la luz», «El lago carece de agua: El agotamiento»; en ellos se enuncia primero la imagen inferior señalando que se ubica bajo la superior, apoyándose en la inferior para erigir el sentido.

Estos ejemplos ofrecen una panorámica general, cuyas particularidades se detallan bajo cada hexagrama. Los antiguos letrados señalaron que en las sentencias de las Imágenes hay imágenes reales e imágenes figuradas.

Reales son como «Sobre la tierra hay agua: La solidaridad» o «De la tierra brota la madera: El ascenso», pues no son artificios imaginarios y por ende se las llama reales; figuradas son como «El cielo se halla dentro de la montaña» o «El viento brota del fuego», pues en la realidad sensible no existen tales escenas, sino que se recurre a una ficción poética para extraer un sentido moral, llamándoselas por ello figuradas.

Sean reales o figuradas, todas ilustran un principio ético para los hombres y se denominan genéricamente «Imágenes».

«El movimiento del cielo es vigoroso» indica que la masa celeste se mueve día y noche sin cesar, girando en círculos perpetuos sin menguar jamás; de ahí que se diga: «El movimiento del cielo es vigoroso»: tal es la imagen natural del firmamento.

«El noble se fortalece a sí mismo sin descanso»: aquí se toma la conducta humana para emular la marcha del cielo; enseña que el noble, empleando la imagen de este hexagrama, se esfuerza con denuedo y no ceja en su empeño.

Decir «noble» alude a quien gobierna situándose en la cúspide y prodiga afecto paternal al pueblo llano, abarcando desde el Hijo del Cielo y los señores feudales hasta los altos dignatarios y letrados con feudo territorial.

Dondequiera que se diga «noble», el sentido es siempre este; empero, quien ocupa una posición excelsa encarna la imagen del hexagrama en mayor medida, y quien ocupa un puesto humilde la encarna en menor grado: cada cual ha de obrar según sus fuerzas emulando el hexagrama, y por ello en todos los hexagramas se habla indistintamente del «noble».

Si el principio del hexagrama atañe exclusivamente al Hijo del Cielo sin abarcar a los subordinados, se usa la expresión «los antiguos reyes»: como en La solidaridad, «los antiguos reyes fundaron las diez mil naciones»; en El entusiasmo, «los antiguos reyes compusieron música para honrar la virtud»; en La contemplación, «los antiguos reyes examinaban las regiones, observaban al pueblo e instauraban la enseñanza»; en Morder atravesando, «los antiguos reyes esclarecieron los castigos y consolidaron las leyes»; en El retorno, «los antiguos reyes cerraban los pasos fronterizos en el solsticio»; en La inocencia, «los antiguos reyes respondían con abundancia al tiempo y nutrían a todos los seres»; en La dispersión, «los antiguos reyes ofrecían sacrificios al Soberano Celeste y erigían templos ancestrales».

Y en La paz se dice: «el soberano (hòu) consumaba y perfeccionaba la Vía del cielo y de la tierra»; en El acoplamiento, «el soberano proclamaba mandatos a los cuatro confines».

La palabra «soberano» (hòu) comprende también a los señores feudales; fuera de estos casos, se alude siempre al «noble».

Zhouyi ZhengyiComentario Wen Yan

Desde «El Comentario Wenyan dice» hasta «Qián: sublime éxito, propicia la perseverancia». El Comentario 正義 declara: El Wenyan constituye la séptima de las Diez Alas compuestas por el Maestro.

Siendo Lo Creativo (Cielo) y Lo Receptivo (Tierra) las puertas del Libro de los Cambios, de las cuales dimanan todos los restantes hexagramas y trazos, y encerrando principios sumamente hondos y arcanos, el sabio compuso expresamente el Wenyan para desentrañarlos.

El maestro Zhuang sostuvo: «'Wen' alude al ornato estilístico literario; siendo tan inconmensurable la virtud de Qián y Kūn, se las embelleció con primorosas palabras, llamándolo por ello Wenyan».

Empero, nosotros consideramos que el Maestro únicamente se propuso ensalzar y transparentar la Vía de los Cambios dilatando sus principios morales, sin afán de mero oropel retórico: se trata de dilucidar el texto canónico de ambos hexagramas, y de ahí el nombre de Wenyan.

Desde el inicio hasta «sublime éxito, propicia la perseverancia», se esclarecen las cuatro virtudes de Qián, constituyendo la primera sección; desde «Nueve al comienzo: dragón oculto, no actúes» hasta «todo movimiento acarrea arrepentimiento», se aclara el sentido de los seis trazos, formando la segunda sección; desde «dragón oculto, no actúes» hasta «el mundo entero es gobernado», se diserta sobre los asuntos humanos en los seis trazos, siendo la tercera sección; desde «dragón oculto, no actúes: el hálito yang yace escondido y latente» hasta «contemplación de la ley celeste», se examina el hálito natural en los seis trazos, conformando la cuarta sección; desde «El Principio primordial de Lo Creativo» hasta «el orbe halla la paz», se vuelve a profundizar en las cuatro virtudes del Principio primordial de Qián, integrando la quinta sección; desde «el noble considera la consumación de la virtud como su propia conducta habitual» hasta «¡ciertamente solo el sabio!», se amplía exhaustivamente el sentido de los seis trazos, constituyendo la sexta sección.

Procederemos a explicarlas correlativamente según el texto. Esta primera sección trata de las cuatro virtudes de Qián.

«El Principio originario (Yuán) es la cúspide de todas las bondades»: aquí en adelante se exponen las cuatro virtudes de Qián; mas la sustancia de Lo Creativo es la función operativa del cielo.

Las transformaciones cósmicas del Cielo y la Tierra ocurren de suyo con espontaneidad natural: a partir de lo informe brota lo manifiesto, obrando sin intención deliberada.

El cielo carece en sí de mente volitiva: ¿cómo habría de forjar premeditadamente virtudes llamadas «Yuán, Hēng, Lì, Zhēn»? El cielo carece en sí de nombres sensibles: ¿cómo habría de inventar las palabras «Yuán, Hēng, Lì, Zhēn»?

Han sido los sabios santos quienes, proyectando la analogía sobre los asuntos humanos, llamaron «cuatro virtudes celestes» a esta eficacia espontánea y la legaron como magisterio, a fin de que las generaciones venideras imitaran el obrar del cielo, erigiendo así las cuatro virtudes para fundar la doctrina ética.

Explicó Zhuang: «En la primera sección, 'El Principio originario (Yuán) es la cúspide de todas las bondades' significa que la naturaleza del cielo engendra y nutre a todas las criaturas; entre las obras benéficas ninguna es tan excelsa como dispensar la vida, y siendo Yuán el manantial que otorga la existencia, se dice que es la cabeza de todas las bondades.

'El libre curso exitoso (Hēng) es el concierto de las más bellas armonías': 'jiā' es la belleza excelsa; enseña que el cielo hace fluir libremente a todas las cosas reuniendo en alegre concierto sus más bellas cualidades, llamándolo por eso 'concierto de armonías'.

'El provecho propicio (Lì) es el concordar con la debida justicia': expresa que el cielo beneficia a la multitud de criaturas haciendo que cada una alcance lo conveniente en pacífica consonancia.

'La perseverancia (Zhēn) es el nervio y sostén de las obras': significa que el cielo, merced a su soplo recto y centralizador, consuma la madurez de los seres, infundiéndoles la firmeza para llevar a buen término su existencia».

El maestro Zhuang concordó estas cuatro virtudes celestes con las cuatro estaciones: «Yuán» es el origen de las cosas y se asocia a la primavera, época del nacimiento; por ello el texto agrega más adelante «encarnar la benevolencia», pues la benevolencia corresponde a la primavera.

«Hēng» es el libre desarrollo de las criaturas y se asocia al verano; por eso el texto añade «conformarse al rito», pues el rito atañe al verano. «Lì» es la justicia armónica y se asocia al otoño, sazón en que los frutos maduran y cada ser alcanza su debida adecuación.

«Zhēn» es el sostén de los hechos y se asocia al invierno, época de recogida y depósito en que todos los ciclos quedan consumados.

En cuanto a los cinco elementos (Fases), falta en apariencia la Tierra; empero, la Tierra distribuye su regencia entre las cuatro estaciones, y como el flujo de los cuatro soplos no podría sustentarse sin la Tierra, no se la menciona por separado.

«El noble que encarna la benevolencia es apto para presidir a los hombres»: de aquí en adelante se esclarece cómo el hombre modela su conducta según estas cuatro virtudes del cielo; enseña que el noble, al abrazar en su ser la benevolencia universal y prodigar amor y sustento a las criaturas, posee la autoridad moral para guiar y presidir a sus semejantes.

La benevolencia es la suma bondad, y practicar la benevolencia es imitar la virtud originaria «Yuán» del cielo.

«El concierto de armonías es apto para conformarse al rito»: enseña que el noble, al congregar en bella concordia a todos los seres, sintoniza plenamente con el rito sagrado, imitando la cualidad «Hēng» del cielo.

«Beneficiar a los seres es apto para armonizar con la justicia»: al favorecer a las criaturas procurando que cada una obtenga su debido lugar, concuerda cabalmente con la justicia, emulando la virtud «Lì» del cielo.

«La perseverante firmeza es apta para sostener los asuntos»: manteniéndose inquebrantable y recto, hace que los seres fructifiquen y las empresas alcancen cabal consumación, imitando la virtud «Zhēn» del cielo.

Trasladado al ejercicio del gobierno regio: Yuán es la benevolencia, Hēng es el rito, Lì es la justicia y Zhēn es la buena fe y lealtad.

No se nombra aparte a la sabiduría porque la práctica cabal de estas cuatro virtudes se apoya indefectiblemente en el conocimiento lúcido; además, el tratado Qianzuodu enseña: «Los dos elementos del Agua y de la Tierra aúnan en sí la confianza y la sabiduría», razón por la cual se sobreentiende.

«El noble pone en práctica estas cuatro virtudes; por eso se dice: Qián: sublime éxito, propicia la perseverancia»: siendo deber del noble cultivar estas cuatro virtudes, el rey Wen, al componer los Cambios, proclamó «Yuán, Hēng, Lì, Zhēn» para que el noble las tomara por norma.

Mas obrar estas cuatro virtudes iguala las proezas del Cielo mismo, lo cual solo está al alcance del santo consumado.

Que el texto mencione simplemente al «noble» obedece a que la Vía de las Mutaciones despliega una ley universal: si la reservara con exclusividad al sabio supremo, temería descorazonar a los demás hombres; por ello dice en general «el noble», conminando a los señores feudales, ministros y letrados a ponerlas en práctica.

El santo las realiza hasta el colmo absoluto; el noble las practica según el alcance de sus fuerzas, teniendo cada cual su debida medida. Siendo Lo Creativo imagen del cielo, estas cuatro son primordialmente virtudes celestes.

Empero, cuando el yin y el yang confluyen armónicamente y las dos imágenes se complementan, también pueden manifestar virtudes: esto no es privilegio exclusivo de Qián.

De ahí que otros hexagramas posean asimismo las «cuatro virtudes», si bien en ellos resultan inferiores a la pureza de Lo Creativo; por eso en Qián se enuncian a secas las «cuatro virtudes» sin aditamento alguno, mostrando que nada dejan de abarcar.

En los restantes hexagramas, tras las cuatro virtudes se añaden otras circunstancias limitativas debido a que son virtudes más restringidas, como ocurre en el hexagrama Lo Receptivo (Tierra).

En otros hexagramas, las circunstancias se enuncian antes de las cuatro virtudes, como en La revolución al decir: «En el día señalado hallará plena fe; sublime éxito, propicia la perseverancia; el arrepentimiento se disipa»: solo tras hallar la fe y manifestar las cuatro virtudes logra disipar el arrepentimiento.

Los hexagramas que reúnen las cuatro virtudes son siete: Lo Creativo (Cielo), Lo Receptivo (Tierra), La dificultad al comienzo, El acercamiento, El seguimiento, La inocencia y La revolución.

Existen también hexagramas cuyo presagio intrínseco no es propicio y sin embargo contienen las cuatro virtudes, pues dada su índole azarosa se precisa contar con las cuatro virtudes para salir airoso: de ahí que en El seguimiento se diga que teniendo «sublime éxito, propicia la perseverancia» se logrará quedar libre de falta; por consiguiente, poseer las cuatro virtudes no garantiza que el hexagrama sea enteramente fausto.

Hay hexagramas que poseen tres virtudes: Lo Adherente, La influencia, La reunión, Lo Sereno, La dispersión y La preponderancia de lo pequeño: en total seis hexagramas.

En estos seis la formulación varía: ya se nombran las tres virtudes al comienzo y se añade una circunstancia abajo, como en Lo Adherente y La influencia; ya cambia el orden correlativo, diciendo en Lo Adherente «propicia la perseverancia; éxito», pues merced a la firmeza se alcanza el éxito; o bien antepone «éxito», describe otra condición y concluye con «propicia la perseverancia», ya que mediando tales circunstancias se logra la firme rectitud.

Hay hexagramas con dos virtudes: La gran posesión, La corrupción, El progreso paulatino, La fuerza domadora de lo grande, El ascenso, El agotamiento y La verdad interior: en total siete hexagramas; en ellos las dos virtudes se formulan antes o después del asunto concreto, pues gracias a los hechos sobrevenidos se alcanzan ambas virtudes.

Hay hexagramas con una sola virtud, a saber: La necedad juvenil, El ejército, La fuerza domesticadora de lo pequeño, La conducta, La paz, La modestia, Morder atravesando, La gracia, El retorno, La preponderancia de lo grande, Lo Suscitador, La plenitud, La restricción, Después de la consumación y Antes de la consumación: en total quince hexagramas; todos ellos ostentan una única virtud, consistente siempre en «éxito» (Hēng).

Suele enunciarse antes o después de la acción: como en La conducta al decir: «Pisa la cola del tigre; este no le muerde: éxito», pues afrontando el lance con acierto sobreviene el éxito.

En todas estas disquisiciones sobre las virtudes nos referimos exclusivamente a aquellas que el texto canónico declara de forma destacada y autónoma; cuando una palabra como 'éxito' o 'rectitud' aparece meramente hilvanada dentro de una frase circunstancial, no se contabiliza como virtud formal.

Así en La espera: «La espera. Hay sinceridad; resplandeciente éxito, la perseverancia trae ventura»: aunque figuren 'éxito' y 'perseverancia', nacen subordinadas al curso de la frase y no se cuentan como virtudes autónomas. En La retirada: «Éxito.

En lo pequeño propicia la perseverancia»: aun habiendo tres virtudes en apariencia, no se computan de este modo. En El viajero: «El viajero: pequeño éxito. El viajero: la perseverancia trae ventura»: no se contabilizan por hallarse sujetas a otros términos.

En La solidaridad: «Indaga el oráculo primitivo: sublime, perpetua firmeza; sin falta».

En El estancamiento: «Estancamiento provocado por gente indigna; no propicia la perseverancia del noble»: aunque aparece el carácter «perseverancia» (zhēn), forma parte de una cláusula ligada y no describe la virtud intrínseca del hexagrama, por lo cual no se computa.

En La comunidad: «Comunidad en campo abierto; éxito». En Lo abismal (agua): «Hay sinceridad; solo en el corazón hay éxito».

En La merma: «Sin falta; cabe perseverar»: en todos estos casos, aunque resuena una virtud, está subordinada a la frase concreta y no se cuenta como virtud autónoma.

Esto se debe a que el Libro de los Cambios abraza las diez mil imágenes del orbe y sus principios son múltiples, adaptándose a las vicisitudes del tiempo sin encasillarse en moldes rígidos. Cuando encierran un significado particular, se dilucida bajo cada hexagrama.

Existen también hexagramas sumamente faustos pero provistos de pocas virtudes formales, como La paz, La modestia y El retorno, los cuales, siendo excelentes, solo ostentan una virtud.

Otros hexagramas carecen enteramente de mención expresa de virtudes: El entusiasmo, La contemplación, La desintegración, El progreso, El impedimento, La liberación, El desbordamiento, El acoplamiento, El pozo, El Aquietamiento y La doncella que se casa: en total once hexagramas.

Por lo común, son hexagramas aciagos los que carecen de virtudes formales, como La desintegración, El impedimento, El desbordamiento y El acoplamiento; mas también hay hexagramas faustos que no las mencionan expresamente, como El progreso y La liberación, según se explica en sus respectivos capítulos.

En cuanto a las «cuatro virtudes», Hēng (éxito) y Zhēn (perseverancia) suelen presentarse de manera autónoma, mientras que Yuán (principio supremo) y Lì (provecho) suelen aparecer emparejadas con otros términos: el sentido común une Yuán con Hēng y Lì con Zhēn; mas aun cuando se coordinen con otras expresiones, Yuán entraña grandeza primordial y origen primero, y Lì significa provecho, armonía y conveniencia: consideradas por separado, cada una constituye una virtud por derecho propio.

Solo al asociarse con Hēng y Zhēn completan las cuatro virtudes clásicas. Aunque Yuán suele acompañar a Hēng, también se asocia a otras frases, como en La solidaridad («sublime y perpetua firmeza») o en Lo Receptivo (seis en el quinto puesto: «prenda amarilla; sublime ventura»).

Del mismo modo, Lì no solo acompaña a Zhēn, sino que se extiende a múltiples acciones provechosas: «propicio cruzar las grandes aguas», «propicio instaurar príncipes feudales», «es propicio ver al gran hombre», «propicia la perseverancia del noble».

Siendo el campo de aplicación de la palabra Lì tan dilatado, en los restantes hexagramas su uso para designar conveniencias particulares no se computa como una de las cuatro virtudes cardinales.

Estas «cuatro virtudes» no solo aparecen en los dictámenes de los hexagramas, sino también en las sentencias de los trazos, si bien allí ocurren con menor frecuencia: «prenda amarilla; sublime ventura» o «sostén de las vías del cielo: éxito; pequeña perseverancia venturosa, gran perseverancia nefasta» se expresan en los trazos particulares, mientras que la palabra 'provecho' (lì) se halla esparcida a lo largo de incontables líneas.

Fuentes

I Ching · #1 Lo Creativo (Cielo) → Almanaque de esta fecha →