El nueve arriba se halla al término del hexagrama, en un lugar desprovisto de rango oficial; es el colmo de La gran posesión que rehúsa adueñarse de lo poseído.
Asentado en la cima de Lí, encarna la cumbre de la claridad: solo merced a una visión tan perfecta rehúsa aferrarse a sus bienes, evitando precipitarse en el exceso.
Quien toca el límite supremo sin apegarse a él elude la catástrofe del engreimiento y obra en consonancia con la ley natural.
La confianza sincera del cinco se halla bajo sus plantas, significando que el nueve arriba camina pisando la lealtad; y teniendo el cinco la virtud del esclarecimiento moral, el superior abate su ánimo para responderle, honrando al sabio y ensalzando la bondad.
Desenvolverse de este modo entraña la máxima armonía con el Tao; con naturalidad gozará de bendiciones y del auxilio venido del Cielo. Al actuar en concierto con el Cielo recibe su favor; por eso adondequiera que marche todo resultará favorable y nada dejará de ser propicio.
El comentario a las Imágenes dice: «La excelsa buena fortuna de La gran posesión procede del amparo del Cielo».
En la cima de La gran posesión se llega a un límite llamado a mudar: gracias a que su obrar acata al Cielo y concuerda con la vía recta, el Cielo le presta amparo y auxilio, reportándole la ventura. Cuando el noble está colmado pero no se derrama, concita la bendición celestial.
El Gran Tratado (Xici) lo rubrica diciendo: «Lo que el Cielo auxilia es la docilidad; lo que los hombres socorren es la confianza.
Camina en la lealtad, reflexiona en la docilidad y honra a los sabios: por ello recibe el amparo del Cielo; buena fortuna, nada que no sea favorable».
Caminar en la confianza alude a pisar sobre el cinco, cuya docilidad central es fidedigna; reflexionar en la docilidad alude a ceder con modestia sin reclamar honores; honrar a los sabios alude a plegar su voluntad hacia el cinco.
En el tiempo de La gran posesión no conviene vanagloriarse de la propia riqueza ni afincarse en el colmo de la opulencia.
De los seis trazos, todos disfrutan o ambicionan las posiciones de poder salvo el primero y el último; por ello el nueve al comienzo queda libre de culpa y el nueve arriba no tiene nada que no sea favorable.
Al situarse en la cúspide marchando en la fidelidad y anhelando la docilidad, obtiene la ventura en las alturas: bien puede decirse que proviene del amparo del Cielo. Yichuan Yizhuan, Rollo I. <Clásicos, Categoría de los Cambios, Comentario de Yichuan>
Yichuan Yizhuan, Rollo II.
Clásico de los Cambios de Zhou, Parte Primera.