La cesta sirve para envolver y guardar provisiones; el pez es lo deleitable. El cuarto y el comienzo constituyen una correspondencia legítima y deberían encontrarse; mas el comienzo ya se ha encontrado con el segundo.
Habiendo perdido su debido encuentro, es como una cesta sin peces: ha extraviado lo que le correspondía. El cuarto, en el tiempo de El encuentro, ocupa un puesto eminente pero pierde a los de abajo; que los de abajo se aparten se debe a que él mismo ha perdido su virtud.
La pérdida del cuarto radica en carecer de equilibrio central y de rectitud: al extraviar el centro y lo recto pierde a su pueblo, y por ello sobreviene la desgracia. Podría objetarse: que el comienzo siga al segundo por hallarse más cerca, ¿acaso es culpa del cuarto?
Se responde: juzgando al cuarto, por justicia le corresponde la falta, pues si no pudo retener a sus subordinados fue por apartarse del camino recto. ¿Acaso los de abajo se rebelarían si el superior no se desviase del Dao?
El principio del encuentro abarca tanto a reyes y ministros, a gobernantes y pueblos, como a esposos y amigos.
Aludiendo al distanciamiento con los de abajo, se habla aquí en términos del pueblo: hallándose arriba, cuando los de abajo se disgregan, se suscitan calamidades y revueltas; el surgir significa el estallido inminente: disipado el corazón del pueblo, la adversidad está a punto de desatarse.