La palabra Pèi en las versiones antiguas figura a veces escrita como estandarte; Wang Bi la interpreta como un lienzo o cortina, tratándose pues de un dosel que cubre por dentro: agrandar su velo espesa una penumbra aún más profunda que la del simple cortinaje.
El tres forma parte del cuerpo de la luz y sin embargo yace más a oscuras que el cuatro, pues aquello a lo que corresponde es sombrío y yin.
Al estar en la cumbre del trigrama de la claridad, siendo firme y habiendo obtenido la rectitud, posee en sí la facultad de iluminar; mas la senda de la Abundancia requiere que la luz y la acción se nutran mutuamente.
El tres corresponde con la cima, pero la cima es flexible y carece de puesto efectivo, habitando además el término de Zhen: al haber concluido, el movimiento se aquieta y no puede operar.
Mientras que en otros trigramas el fin marca el colmo del empuje, en Zhen el término implica la detención. Al no contar el tres con el apoyo activo de la cima, no puede consumar la abundancia.
Mèi es una estrella diminuta y sin renombre; divisarla pone de manifiesto una oscuridad extrema. Hallarse en la plenitud de la Abundancia y toparse con el Seis en la cima es como contemplar diminutas estrellas al mediodía.
El brazo derecho es el miembro principal con el que el hombre actúa, y aquí resulta quebrado: su impotencia para obrar salta a la vista.
El sabio capaz y prudente que halla un soberano esclarecido puede emprender grandes obras en el mundo; mas si no cuenta arriba con un señor en quien apoyarse, queda impedido de obrar, como quien sufre la fractura de su brazo derecho.
Cuando un hombre yerra por su propia culpa, se le imputa el fracaso diciendo que por tal causa sobrevino tal daño; pero si desea actuar y carece de brazo derecho, o anhela servir y arriba no tiene en quién descansar, debe resignarse a la impotencia: ¿qué reproche cabría formularle?
No hay falta que achacarle.