El segundo trazo, por su firmeza yang, obtiene la Posición central y corresponde arriba con el quinto; el quinto, por su docilidad yin, obtiene la Posición central y corresponde abajo con el segundo: soberano y ministro comparten la misma virtud.
Por ello, el talento firme y central del segundo es objeto de la entera confianza del superior; así, aunque ocupe el rango de ministro, es quien rige el orden de La paz. Es lo que se llama: «Lo superior y lo inferior entran en contacto y su voluntad es una».
Por tanto, la vía de ordenar La paz se explica tomando al segundo trazo como eje principal. «Tolerar lo agreste», «cruzar el río a pie», «no olvidar lo remoto» y «desaparecen las facciones»: estos cuatro principios son la manera de conducirse en La paz.
Cuando los sentimientos humanos caen en la molicie y el descuido, el gobierno se vuelve laxo, las leyes se descuidan y los asuntos públicos carecen de moderación.
El camino para gobernarlo requiere sin duda la capacidad de contener lo inculto y desordenado; así su acción será amplia, cuidadosa y minuciosa, reformando los asuntos según la razón para que el pueblo encuentre reposo.
Si se carece de magnanimidad para tolerar y anida la cólera o la aversión, faltará la visión a largo plazo y surgirá la calamidad de perturbar con violencia; antes de erradicar los males profundos, ya habrán brotado peligros inmediatos: por eso se habla de «tolerar lo agreste».
En cuanto a «cruzar el río a pie», en una era de paz y sosiego la gente se acostumbra a una tranquilidad duradera, se resigna a lo rutinario, se sume en la inercia y teme las transformaciones; de no ser por el valor de lanzarse a vadear el río a pie, nada podrá emprenderse en tales tiempos.
Vadear el río significa una resolución firme capaz de superar las honduras y sortear los abismos.
Desde la antigüedad, toda época de paz y orden declina paulatinamente hacia la decadencia, precisamente porque la costumbre engendra complacencia y cede a la inercia; de no mediar un soberano resuelto o ministros heroicos y decididos, es imposible erguirse con vigor para erradicar tales vicios: por ello se dice «cruzar el río a pie».
Quizá alguien dude y diga que «tolerar lo agreste» implica contención y benevolencia, mientras que «cruzar el río a pie» sugiere acción enérgica y reforma radical, pareciendo opuestos; empero, no comprende que aplicar una acción firme y resoluta desde un corazón magnánimo y acogedor es justamente el proceder de sabios y virtuosos.
«No olvidar lo remoto»: en tiempos de paz y sosiego, las mentes humanas se habitúan a la bonanza y se contentan con un reposo indolente; ¿cómo habrían de entregarse a una reflexión profunda que alcance los asuntos lejanos?
Quien gobierna La paz debe atenderlo todo de forma integral; por distante que esté un asunto, no debe desatenderlo: los pormenores ocultos y sutiles o los hombres de talento recluidos en parajes apartados son aspectos remotos que, en la bonanza, suelen quedar en el olvido.
«Desaparecen las facciones»: lograda la paz, los hombres se acostumbran a la quietud, sus pasiones se desbordan y pierden la templanza; para corregirlos y contenerlos, es menester cortar de raíz el compadrazgo y el interés faccioso, pues de lo contrario nada se logrará: por eso se dice «desaparecen las facciones».
Desde antaño, incontables leyes y regulaciones han fracasado al verse atadas por los compromisos y afectos humanos: si prohibir el lujo afecta a los parientes cercanos o limitar las tierras incomoda a las familias nobles, no poder actuar con absoluta imparcialidad equivale a ceder ante el partidismo.
Si al gobernar La paz no se suprimen las facciones, la empresa será ardua.
Poseer estas cuatro actitudes en el camino de La paz permite armonizar con la virtud de Nueve en el segundo lugar; por eso se dice «obtiene honra en la marcha moderada», lo cual significa que se aviene al sentido del proceder recto y central.
«Shang» significa emparejarse o corresponder.