Seis en el segundo lugar ocupa la posición central y obtiene la rectitud: es alguien que sabe afrontar bien La conmoción.
Sin embargo, cabalga sobre la firmeza del Nueve al comienzo; este nueve es el regente de La conmoción, y cuando el vigor del trueno se sacude e impulsa hacia arriba, ¿quién podrá contenerlo? «Lì» significa ímpetu violento y peligro.
Si el avance de aquel es tan vehemente, la posición propia deviene por fuerza peligrosa. «Yì» denota conjetura y cálculo; «bèi» son los recursos y bienes que se poseen; «jī» es subir; «jiǔlíng» alude a la cumbre más elevada de las colinas; «zhú» significa salir en persecución.
Calculando la ferocidad con que llega la conmoción y comprendiendo que no podrá resistirla y perderá sin remedio sus posesiones, sube a la cima más alta para ponerse a salvo.
El número nueve alude a la acumulación de crestas y collados: el colmo de la elevación; el nueve expresa una multiplicidad insuperable, semejante a los nueve cielos o las nueve tierras.
«No vayas en su busca; a los siete días lo recobrarás»: lo más preciado en el segundo trazo es su centralidad y rectitud.
Cuando sobreviene el espanto del trueno, aunque valore las circunstancias y opte por retirarse y ceder, ha de salvaguardar su rectitud central sin perderse a sí mismo.
Previendo que sus bienes se perderán con certeza, se aleja para resguardar su integridad; una vez disipado el peligro, el orden habitual se restablece: he ahí por qué se recuperan solos sin necesidad de perseguirlos.
Perseguir equivaldría a correr tras los objetos externos; abalanzarse tras las cosas materiales le haría perder su firme custodia interior.
Por ello se le advierte que no las persiga: retirarse a la distancia y salvaguardar la propia rectitud constituye la suprema norma para afrontar La conmoción. Quien se halla en el segundo lugar sabe conducirse con excelencia en medio del peligro y del espanto.
Las posiciones del hexagrama son seis; el siete marca el nuevo comienzo: concluido el asunto, los tiempos han mudado.
Sin haber abandonado su postura correcta, aunque momentáneamente fuera incapaz de contener la embestida, transcurrido el tiempo y apaciguada la tormenta todo vuelve a la normalidad; por ello se afirma: «A los siete días lo recobrarás».