El segundo trazo se halla en el tiempo de Xùn: siendo un trazo yang ocupa un puesto yin y se sitúa abajo, excediéndose en la sumisión.
El lecho es donde el hombre halla descanso y reposo; deslizarse por debajo del lecho es someterse en demasía, traspasando el lugar del debido sosiego.
Cuando el ser humano incurre en un exceso de humillación, suele deberse a cobardía o bien a adulación servil, conductas ambas ajenas a la rectitud.
El nueve en el segundo lugar es en verdad firme y equilibrado; aunque pertenezca a la figura de Xùn y more en la blandura excediéndose en la docilidad, no alberga intenciones torcidas.
Aunque extremar la reverencia no constituya la etiqueta ordinaria, permite eludir la deshonra, cortar de raíz los rencores y apartar las culpas, siendo por ende una senda afortunada.
Los escribas rituales y los chamanes son quienes transmiten la devoción del corazón hacia las divinidades; «en gran multitud» denota abundancia y profusión.
Si asentado en la máxima sinceridad uno se contenta con la suave modestia y logra que sean muchos los intermediarios que hagan patente su devoción, obtendrá la dicha y quedará sin falta, pues su honestidad bastará para conmover a los demás.
Mas si los hombres no lograran atisbar esa prístina intención interior, juzgarían su excesiva sumisión como vil lisonja.