El cuarto, con yang firme y habitando en el cuerpo del vigor, no posee centro ni rectitud, siendo proclive al litigio. Sostiene al quinto, cabalga sobre el tercero y responde al primero.
El quinto es el soberano: por deber moral no puede litigar contra él; el tercero está abajo y es débil, y no litiga con él; el primero es su correspondencia correcta y le es obediente, no siendo rival de pleito.
Aunque el cuarto es firme y vigoroso y desea litigar, carece de oponente; su litigio no tiene de dónde brotar, por lo cual no puede litigar. Además, habitar en lo blando y responder a lo blando encierra el sentido de saber detenerse.
Siendo moralmente incapaz de litigar, si logra vencer su furia litigiosa, retornar a someterse al mandato de la recta razón, renovar su corazón, serenar su espíritu y transformarse para hallar sosiego en la perseverancia, entonces habrá ventura.
Mandato alude a la recta razón; perder la recta razón es desobedecer el mandato, por lo que someterse al mandato implica retornar.
Desobedecer es rebelarse: el Shujing dice «desobedeció el mandato y arruinó al clan», y Mencio dice «desobedecieron el mandato y tiranizaron al pueblo».
Quien es vigoroso sin rectitud central se mueve con agitación y por ende no está en paz; al no habitar en el centro y la rectitud no es recto, y al carecer de paz y rectitud es aficionado al litigio.
Si por principio no puede litigar y renuncia al pleito, volviendo a la recta razón y transformando su inquietud en sosiego y perseverancia, entonces habrá ventura.