Yichuan YizhuanTexto de la línea
El «hombre maduro» es el nueve en el cuarto puesto; el «muchacho» es el inicial. El yang que está arriba es el hombre maduro; el que mora abajo es el muchacho.
Aunque el tres comparte el mismo cuerpo del trigrama con el inicial, se encuentra sumamente contiguo al cuatro, de modo que se apega al cuatro. Por regla general, lo yin y blando no puede sostenerse por sí solo y suele vincularse y apegarse a lo que tiene cerca.
Al apegarse arriba al cuatro, pierde abajo al inicial; mas abandonar el principio y seguir lo superior es alcanzar la conveniencia del seguimiento.
Seguir hacia arriba es propicio, como la oscuridad que sigue a la claridad o el actuar que sigue al bien: esto es seguir hacia arriba. Traicionar lo correcto para abrazar lo torcido, abandonar la luz para perseguir la tiniebla: esto es seguir hacia abajo.
El cuatro tampoco tiene correspondencia ni quien lo siga; al obtener de cerca el seguimiento del tres, forzosamente se mostrará afectuoso y benévolo con él. De ahí que, al seguir el tres al cuatro, todo lo que pida lo obtenga.
Cuando un hombre sigue a su superior y este le otorga su favor, alcanza aquello que busca; y, además, cuanto solicite podrá lograrlo.
Con todo, no es lícito torcer la razón ni desviar el camino recto para adular al superior, buscando obtener favor indebido con el fin de saciar sus deseos: tal proceder es propio de las intrigas y lisonjas viles del hombre común en pos del lucro.
Por ello se dice: «Es propicio perseverar en la rectitud». Si uno se asienta en la rectitud, lo que se busca y obtiene será asunto noble, propio del seguimiento de un noble. La Imagen dice: «Se apega al hombre maduro»: su voluntad abandona lo de abajo.
Puesto que sigue a lo superior, su voluntad renuncia a lo inferior y no lo acompaña. Abandonar lo de abajo y seguir lo de arriba, abandonar lo humilde y seguir lo elevado, constituye la excelencia en El seguimiento.