El trazo inicial mora en lo más bajo con oscuridad yin: encarna la ignorancia del pueblo llano.
La línea expone la manera de disipar tal ceguera: para esclarecer la cerrazón del vulgo es menester hacer patentes las leyes penales a fin de que cobren temor reverente, para solo después encauzarlos mediante la enseñanza moral.
Desde la antigüedad, los reyes sabios establecieron castigos para ordenar a la muchedumbre y promulgaron doctrinas para ennoblecer las costumbres; una vez fijadas las penas, la enseñanza moral surtió efecto.
Aunque el sabio premia la virtud y desdeña la violencia penal, jamás desatiende ninguna de las dos.
Por ende, al inaugurar el gobierno, la legislación ocupa el primer lugar; al instruir al ignorante, imponer la disciplina carcelaria sirve para desatar los grilletes y cadenas de su cerrazón. «Grilletes y cadenas» alude a las ataduras mentales.
Si no se derriban las trabas de su ceguera, la buena doctrina no hallará por dónde penetrar.
Conducido mediante la severidad de la ley, aun si el corazón del vulgo no comprende de inmediato, acatará con temor la autoridad sin atreverse a desbordar sus torpes apetitos; con el tiempo comprenderá la senda del bien y reformará sus desvaríos, transformando las costumbres.
Mas si se recurriera con exclusividad a los castigos para regir, el vulgo se intimidaría sin despejar jamás su entendimiento; buscaría evadirse sin conocer la vergüenza, y la obra civilizadora jamás fraguaría. Por eso se dice: «Avanzar de este modo acarreará humillación».