«包» [bāo] significa abarcar, perdonar y acoger. El dos mora en la época de Méng dotado de un talento firme y esclarecido, respondiendo al monarca del seis en el quinto lugar; compartiendo además la virtud del centro, asume la responsabilidad de su tiempo.
Ha de ensanchar su indulgencia y compadecerse de la torpeza y la necedad ajenas; solo así podrá disipar la ignorancia del mundo y coronar con éxito la educación de los hombres, mediante una vía vasta y una generosidad sin límites: procediendo así obtendrá ventura.
En todo el hexagrama solo hay dos trazos yang: el nueve arriba peca de dureza excesiva; únicamente el nueve en el segundo lugar atesora una virtud firme y equilibrada, respondiendo al cinco y brillando con singular lucidez en su época.
Si se ufanara de su propia perspicacia y se empeñara en resolverlo todo por sí solo, su virtud carecería de grandeza; aun ante la debilidad y cortedad de una mujer, debe saber acoger lo bueno que posea para magnificar su propio entendimiento.
Asimismo, como las demás líneas son yin, se emplea la figura de la mujer. La santidad de Yao y Shun no conoció igual bajo el cielo; mas aun así se dice que interrogaban al pueblo llano para adoptar lo bueno de cada hombre.
Si el dos sabe acoger y tolerar, podrá sacar adelante los designios de su soberano, a la manera del hijo capaz de regir su propio hogar.
Siendo el cinco débil y dócil, toda la tarea de educar recae en el dos: en términos familiares, el cinco es el padre y el dos es el hijo; que el dos dirija la obra civilizadora equivale a que el hijo sea capaz de sostener el gobierno del hogar.