El Seis en la parte baja de la caldera ofrece la imagen de sus patas; responder arriba al Cuarto mirando hacia lo alto brinda la imagen de patas invertidas. Si la caldera se vuelca sus patas quedan arriba, y al volcarse sus patas se derrama su contenido: no es el curso regular.
Empero, hay momentos en que procede volcarla, a fin de verter los sedimentos descompuestos y nocivos para limpiarla y acoger lo nuevo, lo cual resulta fecundo; por eso, al volcar las patas el beneficio estriba en expulsar las impurezas; las impurezas son lo perverso y corrupto.
El Cuarto es la posición del alto dignatario cercano al soberano, mientras que el Comienzo representa al hombre del pueblo que mora abajo; correspondiéndose mutuamente, el superior solicita la ayuda del inferior y el inferior secunda al superior.
Si el superior sabe aprovechar la virtud del inferior y el inferior sabe secundar las obras del superior, pueden consumarse grandes empresas: tal es la senda virtuosa. Así como la caldera vuelca sus patas en el momento oportuno, esto no transgrede la razón.
«Toma una concubina por causa de su hijo; no habrá culpa»: siendo el seis yin y humilde, simboliza a la concubina. Tomar concubina significa encontrar a la persona idónea; si se halla una concubina virtuosa, podrá secundar a su señor librándolo de faltas.
El hijo es el heredero; gracias a su noble hijo eleva a su señor dejándolo libre de culpa. Siendo el seis una línea yin que mora abajo con dócil humildad para secundar al yang, entraña la imagen de la concubina.
Se extrae este sentido a partir de que el Seis al comienzo responde al Cuarto volcando sus patas; el Seis al comienzo carece en sí de talentos o virtudes dignos de elogio, de ahí que se diga que al tomar una concubina, si se da con la persona acertada, se obra de este modo.